El Mundial que viene… y lo que realmente está en juego
El Mundial se llevará a cabo en un país donde la industria turística ya tiene un impacto económico significativo
El Mundial que viene… y lo que realmente está en juego. Imagen: Freepik
Normalmente, cuando se habla del próximo Mundial, la conversación va en una sola dirección: fútbol, estadios, selecciones y emoción. Y sí, todo eso es importante y apasionante. Sin embargo, limitar un acontecimiento de esta índole a lo deportivo puede llegar a ser solo superficial.
La Copa Mundial de la FIFA 2026, que se jugará del 11 de junio al 19 de julio en 16 ciudades de Canadá, México y Estados Unidos, será la primera en contar con 48 selecciones nacionales de todo el mundo. En el contexto de México, las ciudades anfitrionas serán Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. Esto vuelve a poner al país en el epicentro de una conversación mundial que excede con mucho lo deportivo (FIFA, 2026).
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Ese contexto es importante porque el Mundial se llevará a cabo en un país donde la industria turística ya tiene un impacto económico significativo. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Producto Interno Bruto (PIB) turístico llegó a 2,713,120 millones de pesos, lo que representa un 8,7% del PIB total del país (INEGI, 2025). En otras palabras, no es una actividad secundaria, sino uno de los sectores con más potencial para impactar la economía del país.
Asimismo, las estadísticas más actuales indican que el turismo continúa en aumento. De acuerdo con la Encuesta de Viajeros Internacionales, en enero de 2026 se registró una llegada a México de 8,838,914 visitantes internacionales, lo que significó un aumento del 10.0% respecto al año anterior. El ingreso de divisas por turismo llegó a 3,477.2 millones de dólares durante ese mismo periodo, lo que supone un aumento del 3.9% (INEGI, 2026). Esto confirma que no es un suceso aislado, sino una tendencia sostenida.
La interrogante para los jóvenes no tendría que ser solamente que país ganara. La cuestión fundamental es otra: ¿qué implica que México sea el anfitrión en este contexto?

México estará frente a una vitrina internacional y es una gran ocasión para mejorar la imagen, atraer visitantes y fortalecer áreas esenciales como los servicios, el turismo y la infraestructura. Sin embargo, también conlleva desafíos reales: sostenibilidad, movilidad y seguridad. La magnitud del acontecimiento exige que pensemos más allá de lo meramente de un espectáculo deportivo.
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Aquí es donde la reflexión se torna significativa. Ya que un acontecimiento de esta envergadura puede producir movimiento económico, pero eso no asegura, por sí solo, el desarrollo. El crecimiento se puede medir a través del número de visitantes, el consumo o la derrama; por otro lado, el desarrollo se mide en lo que queda después: mejores capacidades, mejor organización y decisiones que favorezcan al país durante más de unas pocas semanas.
Y es precisamente en ese momento cuando los jóvenes tienen un papel importante. No solamente como aficionados, sino también como miembros de una generación que deberá aprender a observar estos acontecimientos con mayor profundidad. Comprender el contexto, interrogar las prioridades y reflexionar sobre qué tipo de nación se desea construir también es parte del análisis adecuado del momento.
El Mundial terminará. Eso es seguro. Lo que México haga con esa oportunidad será lo que realmente importa.
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