Suicidio, la mayor tragedia de nuestros tiempos
Hablar sobre el suicidio con responsabilidad ayuda a derribar mitos, identificar señales de alerta y fortalecer la prevención
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Foto: Pexels
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, un día que nos recuerda una de las realidades más dolorosas que enfrentamos en el mundo y en nuestro país. Alrededor de este día se difunden cifras, notas y experiencias que tienen como propósito generar consciencia sobre la relevancia del tema y favorecer la prevención, porque sí, el suicidio se puede prevenir. Pero para que eso ocurra, es necesario hablar. Y esto, a pesar de todos los esfuerzos, aún resulta complicado.
Durante décadas el suicidio estuvo anclado al silencio, la vergüenza y el estigma social. Era común que las personas sufrieran en silencio o que los familiares de las personas que morían por suicidio callaran, todo por temor al desprecio social. Afortunadamente, después de años, hemos aprendido que no es peligroso hablar de la conducta suicida siempre que se haga con responsabilidad, lo riesgoso es dejarnos llevar por los mitos que rodean este tema e ignorar las señales de quien necesita ayuda.
La Organización Mundial de la Salud señala que más de 720 mil personas en el mundo mueren por este motivo cada año, lo que convierte al suicidio en una de las causas principales de muerte en adolescentes y adultos jóvenes. Estos no son solo números, son un reflejo de personas que, por diversas circunstancias, sufrieron en tal magnitud que consideraron que la muerte era la única opción que tenían en esos momentos para dejar de sufrir, o en las palabras de personas que han tenido intentos de suicidio, para que su mente “dejara de sonar”.
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No podemos olvidar que detrás de cada una de esas personas, hay padres, hijos, cónyuges, hermanos, familiares y amigos que han enfrentado una pérdida irreparable, que hacen preguntas para obtener respuestas que nunca llegan, que se culpan por no haber identificado las señales de alerta a tiempo, y que desarrollan, como consecuencia, enfermedades físicas y mentales que los pueden colocar en lugares muy sombríos.

El suicidio es un fenómeno complejo y multifactorial, en él intervienen factores biológicos, psicológicos, familiares, económicos y socioculturales, por mencionar algunos. Referirse a una única causa o hacer declaraciones simplistas, no solo sería equivocado, sino también injusto para las personas involucradas. En esta misma línea, la prevención no debe orientarse a un solo rubro; es esencial atender las enfermedades mentales con tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico, disminuir los factores de riesgo, promover los factores de protección, y fortalecer el sentido de pertenencia y la sociabilidad y subsidiariedad que solo la comunidad puede dar, entendiendo que la prevención del suicidio comienza mucho antes que cuando la emergencia sucede.
Prevenimos cuando identificamos cambios significativos en el comportamiento, pérdida de interés por las actividades que antes se disfrutaban, alteraciones en el sueño, apetito o higiene, aislamiento progresivo hasta dejar de convivir con las personas y/o expresiones sobre la muerte o manifestaciones de querer dejar de vivir. La desesperanza, que invade a la persona con ideación suicida, puede manifestarse abiertamente, pero también se puede ocultar detrás de una sonrisa. Por eso, observar y escuchar también es intervenir. Si, además, canalizamos para atención de un profesional en la salud mental, estaremos cerrando el círculo.
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La prevención, por tanto, no es tarea de una sola persona, es una responsabilidad de todos. Mediante la sensibilidad, la empatía y la solidaridad podemos transformar para bien la vida de las personas y contribuir a que éstas vivan con sentido, plenitud y esperanza. Probablemente éste sea uno de los más grandes retos de nuestra época: construir una sociedad en donde nadie tenga que sufrir en soledad.
Si tú o alguien que conoces necesita apoyo emocional o presenta alguna emergencia relacionada con salud mental, comunícate a la Línea de la Vida al 800-911-2000.
Este artículo se escribe en memoria de todas las personas que han fallecido por suicidio y para sus familias, quienes experimentan el dolor de la pérdida cada día.
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