Equilibrio familia-trabajo: ¿realidad o fantasía?
El equilibrio entre trabajo y vida personal enfrenta nuevos retos ante jornadas extensas, estrés y falta de desconexión digital
Equilibrio familia-trabajo: ¿realidad o fantasía? Foto: Pexels
Durante muchos años, el éxito profesional estuvo vinculado con jornadas laborales extensas, casi extenuantes, disponibilidad amplia y permanente, y la idea de que mientras más se trabaja, mayor compromiso existe hacia la empresa y mayor productividad se tiene.
La pandemia revolucionó el mundo en muchos sentidos, incluyendo éste: desde el 2020 trabajar desde casa desdibujó los límites entre las horas laborales y el espacio personal y/o familiar; las personas comenzaban a trabajar desde muy temprano y terminaban de hacerlo muy noche, aunque para muchos (los que gozamos del privilegio de no exponernos a contagiarnos por tener que salir de casa en el pico más alto del COVID-19) era una ventaja poder realizar las actividades desde el hogar.
Conforme la crisis sanitaria fue disminuyendo y la vida retomó su condición de “normalidad”, varias empresas solicitaron regresar a la oficina (con las ventajas y complicaciones que ello tuvo), sin embargo, la falta de límites no tuvo retorno, y se sigue viviendo 6 años después: responder correos por la noche, atender llamadas a la hora de la comida o trabajar durante los fines de semana, son solo algunos ejemplos de la imposibilidad para “desconectarse” del mundo laboral y “conectarse” con la familia y los amigos.
Leer también: ¿Qué es Aprendo+ y qué cursos gratuitos puedes encontrar?
En la actualidad, millones de personas en el mundo viven agotadas física y emocionalmente debido a las dificultades para equilibrar su vida personal y familiar con su vida laboral. Lejos de ser un problema menor, el desgaste laboral se ha convertido en una situación que afecta la salud mental, la funcionalidad familiar, las relaciones interpersonales y la productividad económica de los países. Aunque antes se pensaba que el síndrome de burnout solo se presentaba en altos ejecutivos, ahora se reconoce que puede afectar a trabajadores de diversos sectores y edades, incluyendo jóvenes que comienzan su vida profesional.
Si bien América Latina constituye un ejemplo de desgaste laboral, México destaca como uno de los países donde más horas se trabajan al año. De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los mexicanos trabajan en promedio más de 2,200 horas anuales, una cifra significativamente superior al promedio de países desarrollados (1,342 horas promedio de Alemania, por ejemplo).

Trabajar más horas no necesariamente se traduce en mayor productividad o eficiencia, no obstante, si está relacionado con altos niveles de estrés y alteración del equilibrio familia-trabajo, provoca niveles elevados de ansiedad, irritabilidad, depresión y sentimientos de culpa, además de las enfermedades físicas asociadas. Si bien, hay cada vez mayor participación de hombres y mujeres en los diversos contextos de vida, las mujeres se ven afectadas por su “doble jornada” (trabajo-casa) y los hombres por la presión de satisfacer las necesidades económicas de su familia, al tiempo en que tienen un rol más activo con sus esposas e hijos.
Independientemente del daño que cada persona pueda sufrir (lo cual no es cosa menor ni algo que deba de minimizarse), para las empresas tener empleados agotados y desgastados emocionalmente representa menor productividad, mayor ausentismo laboral, un incremento en la rotación de personal y una dificultad para desarrollar al talento humano. En este sentido, son cada vez más las personas que se niegan a ascender en un puesto con mejora de salario si eso representa llegar más tarde a casa o convivir menos con sus hijos, o comprometerse con un empleo si eso significa pasar largas horas en el tráfico.
Leer también: UNAM estrena laboratorio avanzado para la enseñanza de la física
De ahí que deba de celebrarse que cada vez más se reconozca la relevancia del bienestar del trabajador y, con ello, la responsabilidad de hacer los ajustes pertinentes, tales como la implementación de esquemas híbridos o de horarios flexibles, la consideración de políticas de desconexión digital y, muy importante, el establecimiento de programas de salud mental. Es relevante reconocer que una persona cansada, inestable emocionalmente o insatisfecha con lo que aporta en su vida familiar, trae como consecuencia disminución en la atención-concentración, proactividad, rendimiento, innovación y liderazgo.
Mucho se habla del equilibrio entre familia y trabajo, pero ¿en realidad existe? En un mundo que avanza a una gran velocidad y en donde todos queremos más, tener momentos para pausar, descansar y pasar tiempo con quienes amamos, debe ser prioridad.
Qué hacer si no me quedé en la preparatoria de mi elección
El equilibrio entre trabajo y vida personal enfrenta nuevos retos ante jornadas extensas, estrés y falta de desconexión digital
