El valor de las habilidades blandas en el trabajo
Más allá de los conocimientos técnicos, el coaching ayuda a fortalecer competencias y habilidades clave para crecer profesionalmente
El valor de las habilidades blandas en el trabajo. Foto: Pexels
La universidad prepara a los estudiantes en conocimientos especializados, pero cada vez son más las voces que advierten que eso ya no es suficiente para destacar en el mercado laboral. En un entorno donde las empresas buscan profesionales capaces de comunicarse, trabajar en equipo y adaptarse al cambio, las llamadas habilidades blandas, o soft skills, se han convertido en un factor decisivo para conseguir, conservar y hacer crecer una carrera profesional.
“Las empresas ya no contratan solo por conocimientos, y despiden por la ausencia de habilidades blandas”, advierte en entrevista Francisco Nasta, presidente del Capítulo México de la Federación Internacional de Coaching.
Nasta dice que muchas organizaciones actualmente valoran capacidades como la inteligencia emocional, la comunicación efectiva y la resiliencia tanto como los conocimientos técnicos adquiridos en las aulas.
Según el experto, aunque los jóvenes llegan al mercado laboral con una sólida preparación académica, con frecuencia enfrentan dificultades para manejar conversaciones complejas, expresar sus ideas con claridad o tolerar la frustración y el estrés que acompañan los primeros años de vida profesional: “Tu permanencia y crecimiento dentro de la empresa va a depender de las habilidades blandas”, señala.
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El valor del trabajo interno
Para Nasta, el desarrollo de estas competencias comienza con un proceso de autoconocimiento. De poco sirve dominar herramientas técnicas si una persona no ha fortalecido aspectos como la autoestima, la autoconfianza o la capacidad de establecer límites saludables.
“Si tú no tienes autoestima, si no has trabajado en tu autoconfianza, esa seguridad propia, esa parte no te va a permitir realmente ser un buen colaborador en una empresa”, afirma.
A su juicio, muchas conductas problemáticas dentro de las organizaciones tienen origen precisamente en esa falta de trabajo personal. Dificultades para recibir retroalimentación o ambientes laborales tóxicos suelen estar relacionados con inseguridades que nunca fueron atendidas.
Es ahí donde aparece el coaching como una herramienta de acompañamiento. Nasta aclara que no se trata de una terapia ni de un proceso orientado a resolver conflictos del pasado. Su enfoque está en ayudar a las personas a identificar recursos internos y construir estrategias para actuar de manera diferente en el presente y hacia el futuro.
“El coaching lo que hace es que la persona se dé cuenta, que abra los ojos, que no se sienta víctima de las circunstancias de la vida, de su pasado o de las experiencias vividas anteriormente”, explica.

Del conocimiento a la acción
Una de las principales aportaciones del coaching, señala, es ayudar a transformar información en acciones concretas. Mientras que cursos, libros, videos o incluso herramientas de inteligencia artificial pueden ofrecer conocimientos sobre liderazgo, comunicación o manejo de conflictos, el verdadero reto consiste en aplicarlos.
“El coaching no enseña. No da capacitación, no da cursos, no da consejos. Hace que la persona abra los ojos y tenga ese deseo de encontrar las respuestas tanto en sí mismo como en los medios que dispone”, comenta.
Por ello, cada proceso concluye con un plan de acción. El estudiante o profesionista define qué hará, cómo pondrá en práctica una habilidad y en qué contextos buscará desarrollarla. La diferencia, sostiene Nasta, radica en pasar de entender un concepto a experimentarlo.
“Hay una enorme diferencia entre la parte de tener conocimiento de algo y saber realmente. El conocimiento es la comprensión de ciertos conceptos, pero el saber es la experiencia. Ya lo hice. Sé que funciona. Ya sé cómo hacerlo”, indica.
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En ese sentido, expresa Nasta, los universitarios que están por dar el salto al mundo laboral, deberían tener claro que las competencias técnicas seguirán siendo importantes, pero las habilidades humanas marcarán la diferencia.
“Tu primer empleo no se gana solo con conocimiento, se gana con las habilidades humanas. Si tu carrera te prepara para trabajar, tus habilidades blandas te van a preparar para que sigas creciendo y para que sostengas tus empleos”, aconseja.
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