Educar para lo humano
Educar implica formar habilidades para convivir, comunicarnos, actuar con empatía y resolver problemas de manera colaborativa
Educar para lo humano. Imagen: Unsplash
¿Qué significa realmente tener una educación de calidad y estar a la altura de los nuevos retos?
Ante el avance y la convivencia cotidiana con la tecnología y la inteligencia artificial, es una pregunta que debemos plantearnos como sociedad y especialmente desde el ámbito académico.
La respuesta no está solamente en el dominio de plataformas digitales, nuevos dispositivos o herramientas tecnológicas, sino en algo mucho más profundo, la capacidad de formar personas.
Es precisamente lo que plantea Janina Cuevas, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) México, quien nos comparte su visión sobre el papel central que juega el desarrollo socioemocional dentro de los pilares de la educación.

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Coincidimos plenamente con su perspectiva: una educación de calidad e integral solo puede construirse poniendo al centro a las personas.
Janina tiene una amplia experiencia en el ámbito educativo. Actualmente, su trabajo en la UNICEF está enfocado en el desarrollo de habilidades para adolescentes y educación digital.
Durante mucho tiempo se pensó que educar consistía únicamente en transmitir conocimientos técnicos o académicos. Hoy sabemos que también implica formar habilidades para convivir, comunicarnos, trabajar en equipo, actuar con empatía y resolver problemas de manera colaborativa. Son habilidades que han dejado de considerarse “blandas” por su relevancia para que las cosas sucedan.
Este organismo internacional ha desarrollado un marco que divide las habilidades en cuatro pilares: las fundamentales, como lectura, escritura y matemáticas; las digitales, las enfocadas al trabajo y las socioemocionales o para la vida.
De este último eje estamos hablando. Resulta especialmente relevante porque fortalece el resto de las capacidades. Ningún conocimiento técnico puede desarrollarse plenamente si las personas no cuentan con herramientas emocionales y sociales para enfrentar un entorno cambiante.
Hoy la juventud necesita desarrollar múltiples capacidades para integrarse a un mercado profesional que evoluciona constantemente. La UNICEF impulsa programas de primer empleo, modelos duales y redes de mentoría que permiten conectar la formación académica con experiencias reales.
Hay otro punto clave que resulta relevante comprender: la educación ya no termina con un título universitario. Las universidades nos estamos transformando para ofrecer modelos más flexibles, como microcredenciales y certificaciones especializadas que permiten a las personas mantenerse actualizadas y responder a las nuevas tendencias del mercado laboral.
Esto se hace evidente cuando Janina nos explica que la UNICEF también impulsa herramientas como la orientación vocacional, así como proyectos con enfoque de género y redes de mentoría que fortalecen la autoeficacia y ayudan a que las y los jóvenes reconozcan su capacidad para desarrollarse en distintos ámbitos profesionales. Incluso cuentan con una plataforma digital llamada Pasaporte al Aprendizaje, herramienta que ha logrado reducir rezagos educativos en más de 270,000 estudiantes de Educación Media Superior en todo el país.

Todo ello nos lleva al punto central: cómo enfrentar el gran desafío de nuestro tiempo, usar las nuevas tecnologías no para alejarnos de las personas, sino para fortalecer aquello que nos hace humanos.
Janina retoma la propuesta de Isabelle Hau, Directora ejecutiva del Stanford Accelerator for Learning, donde impulsa iniciativas que combinan ciencia, tecnología e innovación para transformar la educación, quien propone centrarse en proteger las habilidades humanas, el pensamiento crítico, la creatividad y la dimensión social frente a estos cambios.
Aquí cobra relevancia el papel de las y los docentes, quienes continúan siendo la principal guía dentro del aula. El mayor desafío es su capacitación y acompañamiento, pues son quienes motivan a los estudiantes y convierten la tecnología en una herramienta útil dentro del proceso de aprendizaje.
Sin maestras y maestros preparados, ningún modelo educativo puede transformarse de fondo.
La Universidad Insurgentes coincide plenamente con esta perspectiva. Trabajamos con más de 26 mil estudiantes, muchos de ellos de primera generación universitaria, convencidos de que la educación debe formar agentes de cambio capaces de generar impacto en sus familias y comunidades. A lo largo de nuestra trayectoria hemos consolidado la visión de que el factor humano sigue siendo esencial dentro del proceso educativo.
Por ello, al igual que UNICEF, consideramos prioritario fortalecer habilidades socioemocionales y seguir invirtiendo en la formación docente.
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Creemos que la educación continua ya no puede entenderse como una etapa temporal, sino como un proceso permanente. Hoy hablamos de educación para toda la vida y de la necesidad de reinventarnos constantemente para responder a un mundo cambiante.
En medio de todos estos cambios, no podemos perder de vista la dimensión relacional y humana de la educación, privilegiando el desarrollo integral de las personas.
Ahí está, quizá, la mayor esperanza para el futuro y también el principal desafío de nuestro tiempo: usar las nuevas tecnologías no para alejarnos de las personas, sino para fortalecer aquello que nos hace humanos.
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