La lealtad universitaria se construye desde la experiencia diaria
La confianza, la coherencia y una experiencia sin fricciones fortalecen el vínculo entre estudiantes y universidades
La lealtad universitaria se construye desde la experiencia diaria. Foto: Pexels
La lealtad hacia una universidad no depende solo de su prestigio o tradición. También se construye a partir de la experiencia cotidiana, la confianza y la coherencia entre lo que una institución promete y lo que ofrece a sus estudiantes.
De acuerdo con el estudio “Descifrando la Lealtad”, realizado por Gerundio, 68% de las personas relaciona la lealtad con confianza y coherencia. Para Elena Benítez, directora general de la agencia, esto es especialmente relevante en las universidades por la duración y carga emocional de la relación.
“La lealtad no se construye solamente desde los beneficios. Hay una parte transaccional, pero también hay componentes emocionales como la familiaridad, los valores y la identidad. En una universidad, estos elementos se construyen durante muchos años y, en ocasiones, pasan de una generación a otra”, explica Benítez en entrevista.
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Las pequeñas fricciones también cuentan
Una universidad reúne múltiples servicios, departamentos y momentos de interacción. Admisiones, servicios escolares, intercambios, actividades deportivas, educación continua y hasta los canales de comunicación forman parte de una misma experiencia, aunque muchas veces funcionen de manera independiente.
En ese recorrido pueden aparecer pequeñas dificultades que, acumuladas, terminan afectando la relación. Un trámite que requiere acudir a varias oficinas, entregar el mismo documento más de una vez o resolver un proceso digital poco claro son ejemplos de fricciones que pueden hacer que la experiencia no corresponda con la promesa de la institución.
Para Gerundio, uno de los principales retos está en reducir esas barreras de comunicación y usabilidad para facilitar los servicios. La eficiencia y la relevancia forman parte de los pilares que conectan la experiencia funcional con la relación emocional.
“Actualmente estamos acostumbrados a resolver necesidades complejas de manera muy rápida gracias a la digitalización. La educación todavía tiene muchos procesos que no han tenido esa modernización, y ahí aparecen fricciones que pueden erosionar un vínculo que, emocionalmente, puede ser muy fuerte”, señala Benitez.
Y para la especialista esto adquiere importancia porque la relación con una universidad puede extenderse desde la preparatoria hasta la licenciatura, un posgrado y la etapa de egresado.

Mantenerse relevante también es un reto
Gerundio identifica componentes racionales y emocionales que intervienen en estos vínculos. Entre los primeros están factores como la conveniencia, el precio y la calidad; entre los segundos aparecen la identidad, la familiaridad y los valores compartidos.
En el caso de las universidades, mantener la relevancia académica representa un desafío particular. Los cambios tecnológicos y laborales ocurren con rapidez, mientras que actualizar planes de estudio, procesos y programas requiere tiempo y coordinación.
“Las universidades tienen un reto muy fuerte en mantenerse relevantes en su oferta académica, pero también en facilitar toda la experiencia. No se trata solamente de actualizar lo que enseñan, sino de revisar cómo se entrega ese servicio y cómo se relacionan con las personas a lo largo de todo el recorrido”, apunta Benítez.
La tradición puede ser un punto de partida importante para generar pertenencia. Sin embargo, las nuevas generaciones también cuestionan si los valores que una institución comunica realmente se reflejan en su experiencia cotidiana. Por eso, la coherencia entre lo que una universidad promete y lo que efectivamente entrega se vuelve fundamental.
Poner al estudiante en el centro
Fortalecer la lealtad, plantea Gerundio, implica dejar de verla únicamente como un programa de recompensas y entenderla como una relación que debe cuidarse de manera constante.
Esto supone escuchar a los estudiantes, identificar en qué momentos aparecen dificultades y analizar la experiencia completa, en lugar de observar cada trámite o departamento como un elemento aislado.
“Las necesidades de las personas no han cambiado tanto; lo que ha cambiado es la manera en que las satisfacemos. El reto es poner al usuario en el centro, entender qué necesita y, a partir de ahí, diseñar una experiencia que realmente responda a esas necesidades”, explica Benítez.
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En una relación universitaria, cambiar de institución no siempre es una decisión inmediata. Sin embargo, una sucesión de malas experiencias puede ir debilitando el vínculo hasta afectar la percepción que el estudiante tiene de su comunidad.
Por ello, construir lealtad implica cuidar tanto aquello que genera orgullo y pertenencia como los detalles que hacen más sencilla la vida universitaria. La meta no es solo conseguir que un estudiante permanezca hasta graduarse, sino crear una experiencia coherente que le dé razones para seguir vinculado con su universidad después de egresar.
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