La educación en la Era del Ser Humano
La educación es la herramienta más poderosa para reducir la desigualdad y transformar sociedades de cualquier país.
La educación en la Era del Ser Humano. Imagen: Magnific
La educación es la herramienta más poderosa para reducir la desigualdad y transformar sociedades de cualquier país.
No es un cliché, es una realidad que todos conocemos.
Más allá de la teoría, un título, grado o certificación escolar, cuando vemos que un joven se acerca a la educación formal, no pasa mucho tiempo para que notemos una transformación en su ser; la paciencia y el tiempo nos confirman su crecimiento como ser humano.
La educación permite la movilidad social y hace posible que el propio esfuerzo y talento sean los protagonistas del destino de las personas.
Como seguramente sucede en muchas otras instituciones de educación superior, en Universidad Insurgentes hemos sido testigos de miles de casos. Muchos de nuestros estudiantes son los primeros que en su familia logran terminar una carrera universitaria y con ello generan un cambio no solo para ellos mismos, sino para toda su familia.

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Hace días platiqué con Santiago Vázquez Blanco, especialista en recursos humanos, con más de 25 años trabajando en el ámbito de liderazgo y gestión de personas en España y República Dominicana, pero que desde 2017 se ha dedicado a la consultoría en temas de liderazgo positivo y bienestar en las organizaciones.
Fue una charla muy interesante y entretenida, particularmente por su amplio espectro de conocimiento: economista, con doctorado en la materia; sociólogo, politólogo, todos sus estudios en prestigiosas universidades españolas, pero que con sus experiencia profesional desarrolló un modelo para generar mayores niveles de felicidad en el trabajo aplicando la psicología positiva, que lo llevó a escribir el libro “La felicidad en el trabajo… y en la vida”.
Precisamente, coincidimos en hacer notar la relevancia de la educación en la vida de los jóvenes, como en las naciones.
Se ponía así mismo como ejemplo, de cómo sus padres, sin grandes recursos, se habían propuesto cambiar el destino a sus hijos a través de una mejor educación, con el fin de lograr la movilidad social. ¡Qué regalo!
Lo mismo pasa con las naciones. Recordó cómo Corea en los años 60 y 70 era un país pobre, de bajos recursos, incluso con un desarrollo inferior al mexicano, pero hoy en día su desempeño es notable, y se debe a que apostó su futuro a la educación.
Sin embargo, aunque conocemos el camino, sabemos que la transformación de las personas y de las sociedades no puede llegar solamente a través de transmitir el conocimiento técnico acumulado.
Es aquí donde entra la reflexión que debemos hacer las instituciones educativas, particularmente de las universidades, que han visto en los últimos años ver caer los monopolios del conocimiento con la tecnología.
La tarea de la educación hoy es formar seres humanos íntegros, que sepan adaptarse a las circunstancias cambiantes y que estén dispuestos a colaborar con los demás para construir el bienestar propio y de la comunidad.
Deben fomentar el pensamiento crítico, el discernimiento y la habilidad fundamental de aprender a aprender, en contraste con la cultura de lo instantáneo, que es fomentado en el mundo de hoy.

No hay que olvidar que la educación exige tolerancia, paciencia y resiliencia. Formar en perseverancia ayuda a los estudiantes a mantener su nivel de energía e involucrarse ante retos significativos.
Los sistemas educativos deben guiar a los jóvenes a su introspección, a descubrir su propósito personal, el que los apasiona y que los llevará a cambiar el mundo.
Las competencias que podamos ayudar a desarrollar fomentan la perseverancia, incrementa la satisfacción vital y genera un compromiso social auténtico.
La sobreprotección que hemos dado a los hijos en la familia y en la etapa escolar impide el desarrollo emocional de los jóvenes. La educación debe entrenar la tolerancia a la frustración mediante retos reales fuera de la comodidad, que pueden ser prácticas o voluntariados.
Todo lo anterior evidencia la necesidad de un cambio en los ambientes educativos.
Si bien hemos pasado por la incapacidad de poder leer la escritura, a la incapacidad de entender el lenguaje digital, “el analfabeto de hoy en día no es el que no sabe leer sino el que no sabe aprender”, recordó Santiago.
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Precisamente, la habilidad esencial de esta era, que llamamos la del Ser Humano, es la capacidad de aprender, desaprender y reaprender constantemente.
El sistema tradicional de docencia debe transformarse radicalmente para poder liderar esta transición indispensable.
El primer paso nos toca a las instituciones y a la sociedad: valorar y potenciar al cuerpo docente. Países como Finlandia demuestran que dignificar su profesión y salarios genera un impacto directo en la calidad de la educación y de vida de la población, por algo siempre están peleando el primer lugar en el ranking de felicidad.
También debemos redefinir la evaluación académica, no solo para medir los conocimientos técnicos, sino los humanos, como la resiliencia, colaboración, comunicación o empatía.
No puedo más que estar de acuerdo con mi amigo Santiago:
En este mundo confuso, la universidad debe recuperar su papel histórico de generar ilustración. Hoy, su misión es ensanchar la mirada de sus estudiantes y enseñarles a construir bienestar para todos.
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La educación es la herramienta más poderosa para reducir la desigualdad y transformar sociedades de cualquier país.
