Cuando el cáncer también cambia la forma de comer
La alimentación es clave durante el tratamiento contra el cáncer; las recomendaciones deben basarse en evidencia y valoración profesional
Cuando el cáncer también cambia la forma de comer. Foto: Pexels
Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, el algoritmo también parece enterarse y de repente comienzan a aparecer publicaciones sobre alimentos que prometen “combatir” el cáncer, suplementos milagrosos que dicen fortalecer el sistema inmunológico, dietas que aseguran eliminar aquello que “alimenta” el tumor, pero el problema es que, en medio de la angustia y la incertidumbre, toda esta información puede llegar a ser confusa.
Los tratamientos oncológicos pueden modificar el apetito, el gusto e incluso la tolerancia a ciertas texturas y temperaturas de los alimentos. Comúnmente existen síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, inflamación de la mucosa de la boca, dificultad para deglutir o hasta cambios en el sabor de los alimentos, por lo que alimentarse comienza a resultar complicado. Esto puede favorecer la pérdida de peso y de masa muscular, por lo que puede aparecer la desnutrición que afecta directamente la calidad de vida y la tolerancia a los tratamientos. Por eso la valoración nutricional resulta imprescindible desde el diagnóstico.
Si te preguntas, ¿qué debe comer una persona con cáncer?, pues no existe una lista universal que se pueda aplicar a una persona con diagnóstico de cáncer, lo ideal es personalizar el tratamiento nutricional, sin embargo, existen algunas recomendaciones generales que debes seguir, como mantener una alimentación que incluya frutas, verduras, carbohidratos y alimentos ricos en proteína, es decir mantener en tu alimentación frijoles, lentejas, tortillas de maíz, avena, arroz, verduras, frutas de temporada, grasas saludables como el aguacate, cacahuates, semillas; pollo, huevo y pescado, pero siempre será necesario revisar la tolerancia y adaptarlo a los gustos y necesidades de cada persona.

Probablemente, existan episodios donde el apetito disminuye, y para ello es útil ofrecer pequeñas cantidades de alimento varias veces al día; siempre será mejor dividir los tiempos de comida en lugar de insistir con un plato grande. Algunas opciones recomendadas podrían ser caldo de pollo con verduras y arroz, enfrijoladas con queso o un huevo con tortilla y aguacate. Si existe dificultad para masticar o deglutir, puede modificarse la consistencia y ahí será necesario evaluar si el paciente tolera alimentos suaves o en papilla, siempre de la mano de un nutriólogo enfocado en oncología.
Cuando una persona se encuentra ante este tratamiento, no se recomienda eliminar grupos de alimentos completos ni comenzar con productos milagro “anticáncer”, todos los suplementos deberán ser recomendados por el equipo de salud. Recuerda que la prioridad es cubrir las necesidades nutricionales, mantener la masa muscular, favorecer la tolerancia al tratamiento y mantener la calidad de vida en la medida de lo posible.
Es importante señalar que la comida no cura por sí sola el cáncer, pero sí es un pilar para el tratamiento y en esta época donde el algoritmo y la inteligencia artificial parecen tener una respuesta a todas tus preguntas, es necesario que comiences a reconocer cuando una recomendación necesita algo más que miles de interacciones: siempre será imprescindible la evidencia y la valoración de un profesional de la salud.
Porque cuando comer se vuelve complicado, la respuesta no está en el algoritmo, sino en el equipo de salud que conoce a la persona que está detrás del diagnóstico.
Te puede interesar
Estudiante veracruzana gana premio internacional por sus innovaciones
Aprender o solo entregar: el papel de la IA en nuestras clases
El Salón Cinematográfico Fósforo reabre sus puertas
Agenda cultural de Halloween y Día de Muertos en el IPN
La alimentación es clave durante el tratamiento contra el cáncer; las recomendaciones deben basarse en evidencia y valoración profesional
