CAETEC: estudiantes impulsan el futuro de la agricultura con IA y drones
Con IA, drones y robótica, el CAETEC del Tec de Monterrey reúne a estudiantes para desarrollar soluciones que impulsan la agricultura
CAETEC: estudiantes impulsan el futuro de la agricultura con IA y drones: Unsplash / Especial
Estudiantes de diferentes carreras, investigadores, profesores y empresas trabajan en el futuro de la agricultura mexicana en el Campo AGRO Experimental del Tecnológico de Monterrey (CAETEC). Este laboratorio cumplió 50 años y se ha consolidado como el más extenso de esta institución educativa, un espacio donde la inteligencia artificial, los drones, la robótica y la ciencia de datos convergen para transformar la manera en que nuestro país produce alimentos.
“La tecnología ha sido la amalgama que conecta rápidamente el quehacer tradicional del campo con la educación”, asegura Arturo González de Cosío Barrón, director del CAETEC, quien explica que el centro opera bajo una premisa clara: no enseñar nada que no sea negocio. Cada proyecto productivo se evalúa por su retorno económico, asegurando que las soluciones desarrolladas sean replicables en la industria real.
El CAETEC se divide en distintas áreas. Cuenta con sembradíos de maíz destinados a la alimentación del ganado, invernaderos que van desde sistemas básicos para cultivar tomates hasta espacios completamente automatizados capaces de responder a cambios climáticos. También alberga un viñedo con ocho variedades de uva para la producción de vino y un módulo pecuario con 150 cabezas de ganado que abastecen de leche a distintas compañías.

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La agricultura de precisión
Entre las decenas de hectáreas de sembradíos del CAETEC se encuentra uno de los ejemplos más contundentes de esta transformación: el uso de drones para el monitoreo agrícola. Lo que antes requería recorrer surco por surco durante tres días de trabajo físico intenso para esparcir fertilizantes, hoy se realiza en apenas tres horas mediante vuelos automatizados con telemetría y análisis de imágenes.
Pero los drones son solo un ejemplo. El CAETEC despliega dispositivos GPS, sensores de suelo de alta fidelidad, análisis de imágenes satelitales y sistemas de riego automatizado que permiten determinar con gran precisión los requerimientos hídricos y nutricionales de cada cultivo. El resultado es una reducción significativa de la huella hídrica y una optimización de recursos que el campo mexicano necesita con urgencia.
Entre los proyectos activos destacan invernaderos inteligentes con microclima 100 % controlado, parcelas experimentales dedicadas a granos y forrajes con enfoque en la reducción del consumo de agua, y un viñedo sensorial que incorpora inteligencia artificial para evaluar la humedad del suelo y la dinámica microclimática, desarrollado con el respaldo de empresas tecnológicas internacionales.
Vacas con trato digno
En el módulo pecuario, el ganado es manejado mediante un establo robotizado con tres sistemas de ordeña automatizada, de los pocos que operan actualmente en México.
Lo más sorprendente es que las vacas acuden por sí mismas a los robots de ordeña, incluso hacen fila para esperar su turno, de acuerdo con sus propios ciclos biológicos. El software identifica a cada ejemplar, registra indicadores de salud, analiza su comportamiento y realiza la extracción de leche de forma completamente autónoma.

Durante los últimos dos años, Elena Reyes Álvarez ha cuidado a las vacas desde su nacimiento. Es una “pediatra” de nuevas crías y comenta: “Me gusta cepillar a las vacas, así te identifican con alguien bueno y no con una persona que les va a hacer daño y, así, se vuelven más dóciles”.
En este espacio, las vacas pueden desplazarse libremente entre distintos corrales, sin rejas. “Ahora prefieren quedarse en el espacio techado que en el campo abierto porque no les gusta el calor; por la tarde ya les gusta salir a caminar”, asegura.
El nivel de precisión tecnológica ha convertido al CAETEC en sede de investigaciones sobre un tema clave para la industria: las emisiones de metano en la producción lechera.
“Hemos tardado más de dos años en poner en marcha la arquitectura que permita la medición”, detalla el director.
El objetivo es medir primero con cromatógrafos de gases y alimentadores individuales para, posteriormente, reducir y eventualmente mitigar las emisiones, evaluando el impacto de cada cambio operativo.
Un ecosistema interdisciplinario
Lo que distingue al CAETEC no es solo su infraestructura, sino el ecosistema humano que lo habita. Aunque los estudiantes de agronomía, industria alimentaria y biotecnología son el público natural, cada vez más alumnos de ingeniería industrial, mecatrónica, electrónica y sistemas digitales encuentran aquí un espacio para aplicar sus conocimientos.
González de Cosío recuerda: “He tenido presentaciones de alumnos que nunca habían visto una vaca ante ganaderos lecheros de tercera generación, y los hemos visto decir: ‘Nunca me había puesto a pensar en algo como eso’”.
Otro ejemplo es el de estudiantes de ingeniería mecánica que diseñan trenes de aterrizaje más suaves para drones agrícolas. Este aprendizaje interdisciplinario también se fortalece con el modelo Tec21, mediante inmersiones de tiempo completo en áreas como entomología o fitopatología, que impulsan el trabajo colaborativo entre distintas disciplinas.

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Cerrando la brecha del campo
González de Cosío no oculta que México está rezagado tecnológicamente en agricultura de precisión. La resistencia proviene del desconocimiento, la desinformación y, sobre todo, del costo que representa la adopción tecnológica para los productores tradicionales del país.
Sin embargo, el CAETEC apuesta por el concepto de “extensión”, es decir, acercar las capacidades universitarias a los productores mediante sus investigadores y una red de alrededor de 50 empresas socias formadoras que presentan problemas reales y colaboran activamente en la búsqueda de soluciones.
Esta vinculación permite que los estudiantes se capaciten con tecnología de punta mientras desarrollan alternativas económicamente viables para ranchos convencionales. La visión es ambiciosa, pero concreta: que cada rancho se convierta en un microlaboratorio generador de datos que, procesados con inteligencia artificial, permitan optimizar las operaciones reales del campo.
Querétaro ocupa una ubicación estratégica entre el Golfo y el Pacífico, dentro de una de las cuatro cuencas lecheras más importantes del país y junto a uno de los complejos de agricultura protegida más relevantes de México. Desde ahí, el CAETEC busca convertirse en un punto de referencia para impulsar esta transformación tecnológica hacia todo el sector agroalimentario nacional.
Aunque la agronomía no figura entre las carreras con mayor demanda, este laboratorio permite que estudiantes de diversas disciplinas encuentren en el campo un espacio para aplicar sus conocimientos y desarrollar soluciones desde su especialidad.
Autor: Jorge Arredondo
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