“Que gane el quiero, la guerra del puedo”: la formación de la voluntad
La voluntad se fortalece con hábitos, disciplina y pequeñas decisiones que permiten vencer la inmediatez y alcanzar metas
Aprende náhuatl, inglés, chino y más con estos cursos de la BUAP. Imagen: PexelsVivimos en una era dominada por la inmediatez y la gratificación instantánea, acostumbrados a obtener lo que deseamos al segundo y a satisfacer cada impulso de forma automática. Es en este contexto donde surge la trampa cotidiana: cuántas veces hemos escuchado (o nos hemos dicho a nosotros mismos) frases como: “sé que puedo hacerlo, pero simplemente no quiero”, mientras cedemos a la procrastinación y posponemos todo aquello que exige esfuerzo o no nos apetece enfrentar.
Paradójicamente, en una etapa donde la universidad nos prepara con altos estándares de conocimiento y fortalece nuestras habilidades cognitivas, pocas veces se nos enseña a educar el motor que realmente mueve montañas: la voluntad. La educación se ha centrado históricamente en el saber y en el dominio intelectual, manteniendo un déficit silencioso en la formación del carácter.
Sin embargo, el talento sin determinación es solo una promesa estancada. La inteligencia nos muestra el camino y nos dice que podemos, pero únicamente cuando educamos la voluntad logramos dar el paso definitivo para alcanzar nuestras metas.
Entendida a fondo, la voluntad es la capacidad humana de elegir el bien y de orientar nuestras acciones para convertirnos en mejores personas. Su verdadero campo de acción es la libertad: implica saber decidir correctamente hoy en función de un propósito a largo plazo. Es ahí, al tomar el control de nuestras elecciones y no dejarnos llevar por el impulso del momento, donde somos verdaderamente libres.
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Ahora bien, ¿cómo podemos formar y fortalecer la voluntad durante nuestra vida universitaria? La respuesta no está en sacrificios extraordinarios, sino la disciplina diaria a través de pequeñas acciones, por ejemplo:
- Desarrollar hábitos y virtudes: la voluntad se ejercita como un músculo. Empezar por terminar siempre lo que se comienza, establecer horarios de estudio y aprender a esperar fortalece la disciplina.
- Aprender a posponer la recompensa: significa poner el deber por encima del placer inmediato. Una excelente forma de practicar es fijarse pequeños retos cotidianos, como limitar el uso de redes sociales y evitar el consumo compulsivo
- Gestionar la frustración y el error: caerse es parte del proceso. Fomentar la tolerancia al fracaso permite sobreponerse a las inclinaciones emocionales y continuar a pesar de las dificultades.
- Transformar el lenguaje interno: consiste en cambiar el reactivo “no tengo ganas” por el reflexivo “tengo que”, conquistando el autodominio sobre el deseo instantáneo.
Al final, formar la voluntad es una conquista silenciosa que se gana en las pequeñas batallas del día a día. Es en esa constancia donde se marca la diferencia entre quien solo sueña con un buen semestre y quien decide salir a construirlo.
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El “puedo” es solo el motor en marcha; el “quiero” es el volante que decide la dirección. La universidad nos enseña a pensar, pero es la voluntad la que nos lleva a trascender. En este tiempo que arranca un nuevo semestre, las aulas vuelven a ofrecer las herramientas para aprender, pero dependerá de la determinación de cada uno decidir qué hacer con ellas.
No hay que esperar a la mitad del curso para lamentar la inercia de las excusas: desde el inicio, es necesario enfocarse en formar la voluntad, vencer la inmediatez y hacer que cada “quiero” sea la realidad con la que se conquisten las metas propuestas.
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