Genera el cambio a través de los juegos
Los juegos fortalecen el pensamiento crítico, la colaboración y las habilidades humanas que hoy demanda la educación
Genera el cambio a través de los juegos. Foto: Pexels
Los juegos, además de divertidos, son poderosos. Nos acercan a descubrir que nuestra voz importa y que podemos colaborar con los demás. Esa consciencia nos puede dar el valor de intentar cambiar el más pequeño rincón de nuestra comunidad, y esa modesta obra transforma el mundo.
No es algo nuevo. El ya difunto Sir Ken Robinson, icono de la educación, lo viene proponiendo desde hace más de 30 años, y Educación para Compartir lo aplica desde hace casi 20 años.
Ahora que conozco esta Fundación, además de dejarme el ojo cuadrado y un “guau” en la boca, me refuerza la convicción de que en Universidad Insurgentes tenemos que adoptar algunas de sus prácticas.
Platiqué con Dina Buchbinder, fundadora y presidenta de Educación para Compartir, que trabaja con educadores para formarlos en la incorporación de métodos pedagógicos que incluyen los juegos.
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Con su trabajo ha logrado acompañar a millones de niños en México, Estados Unidos y otros 11 países a través de más de 45 mil docentes formados con metodologías lúdicas enfocadas en formar mejores ciudadanos y ciudadanas que quieren transformar el entorno.

A Dina su vocación le viene muy probablemente de la experiencia vivida por sus abuelos, quienes huyeron de Polonia y Ucrania para salvarse de la discriminación. Esa tragedia les hizo cobrar conciencia de que la paz, la convivencia y la democracia no están a salvo, sino que dependen de cada una de las decisiones que tomamos.
Su conclusión, que compartimos muchos, es que la transformación necesaria solo es posible con la educación, con la formación de personas capaces de pensar críticamente, de colaborar unos con otros, de cuidar a nuestra comunidad y de actuar cuando algo les preocupa.
Me fascina la manera en que ve el juego en su papel educativo. Para Dina es probablemente la primera forma en la que aprendemos a ser humanos, pero también, estarás de acuerdo, la manera favorita que tiene nuestro cerebro para aprender.
Cuando jugamos escuchamos, negociamos, resolvemos conflictos, salimos de nuestro estado de confort, respetamos reglas, trabajamos en equipo, imaginamos, creamos soluciones y nos ponemos en el lugar de personas o personajes distintos a nosotros mismos.
Es algo que sabemos, pero no siempre le vemos la enorme utilidad que tiene para la vida y, en nuestro caso, para la educación.
Lo he dicho ya varias veces en este espacio, las universidades hemos dejado de ser el centro del conocimiento,donde se enseñaron por siglos los contenidos, para concentrarnos en enseñar la manera de aprender a aprender, de relacionarnos con los demás, a ser positivos, perseguir el bienestar de todos, el ser mejores ciudadanos.
Son “habilidades blandas”, que Dina les llama “power skills”, que por mucho tiempo estuvieron ausentes en los espacios educativos.

Atrás queda ese esquema de siéntate, escucha la información pasivamente y procésala como puedas.
Si bien es la forma como hemos estado aprendiendo, y que nos ha llevado hasta donde estamos, no es la que nos va a llevar a donde necesitamos.
Educación para Compartir invita a los docentes a volver a aprender, a volver a jugar.
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Esta Fundación también tiene una iniciativa llamada Club 2030 que, permíteme la comparación, tiene cierto equivalente a nuestro programa ADN-UIN, que consiste en enseñar las metas de desarrollo sostenible por medio de juegos.
En el siglo XX en el que me tocó vivir mi juventud y educarme, se premiaba si sabíamos o no. En el actual, se va a reconocer lo que somos y cómo nos relacionamos con los demás.
Dina ve claramente que el juego tiene el poder de hacer la diferencia.
Creo que sólo nos queda una cosa por proponer: ¿jugamos?
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Los juegos fortalecen el pensamiento crítico, la colaboración y las habilidades humanas que hoy demanda la educación
