Educación que incluye: cuando la universidad se convierte en un agente de cambio
Por Sofía Polanco Ramírez, estudiante de Pedagogía en la Universidad Panamericana
Educación que incluye: cuando la universidad se convierte en un agente de cambio. Imagen: Magnific
Tenía quince años cuando comencé a trabajar con personas con discapacidad. En ese entonces, acompañaba a quienes muchas escuelas etiquetaban como “niños difíciles” o “casos perdidos”. Aunque aún no contaba con la formación académica que hoy tengo, sí tenía una fuerte vocación que transformó mi manera de mirar el entorno. Empecé a notar las rampas que no existían, los prejuicios que limitaban la labor educativa y las conversaciones urgentes que nadie parecía dispuesto a tener. Hoy, como estudiante de Pedagogía y miembro del equipo COLABORE de la Universidad Panamericana, puedo decir que esa mirada no ha cambiado: simplemente encontró un espacio donde crecer y consolidarse.
El pasado 28 de abril, la Universidad Panamericana, campus México, fue sede de la segunda edición de la Cumbre COLABORE. Este encuentro reunió a estudiantes, docentes, directivos y especialistas bajo una premisa clara: la educación es el punto de partida para cualquier cambio estructural. Si la universidad se transforma, su comunidad también estará preparada para liderar entornos más accesibles e incluyentes, dentro y fuera del aula.
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COLABORE es el programa de la Universidad Panamericana enfocado en la inclusión de personas con discapacidad. Surgió a partir de una tesis en el campus Guadalajara que proponía un modelo de inclusión laboral y, con el tiempo, ha evolucionado hasta convertirse en una iniciativa integral desde el área de Compromiso Social. Su misión es promover la participación de las personas con discapacidad en el desarrollo social y económico, siempre desde el respeto a su dignidad.
En la práctica, COLABORE funciona como una bolsa de trabajo especializada, organiza ferias de empleo y ofrece consultoría en infraestructura y accesibilidad. Además, capacita a equipos directivos y de recursos humanos, y diseña experiencias de sensibilización —como catas a ciegas, rallies o actividades teatrales— para empresas de distintos sectores. Paralelamente, brinda formación a sus beneficiarios mediante talleres de habilidades laborales e impulsa la participación de la comunidad universitaria en cursos de Lengua de Señas Mexicana y Braille.

Uno de los avances más relevantes presentados durante la Cumbre fue la creación de un Grupo Técnico para Personas con Discapacidad. Este espacio busca que los beneficiarios vivan la experiencia universitaria junto con la comunidad UP, fortalezcan su proyecto de vida y accedan a mejores oportunidades. Se trata de un paso decisivo para cerrar el ciclo de servicios que COLABORE ofrece.
La jornada inició con la conferencia magistral de la Dra. Claudia Peña, titular de la Unidad para la Atención de Personas con Discapacidad en la UNAM. Bajo el título “La universidad como motor de inclusión: del discurso a la práctica”, subrayó la responsabilidad de las instituciones educativas de implementar acciones concretas que garanticen la participación plena de los estudiantes con discapacidad. Conceptos como accesibilidad, diseño universal y ajustes razonables dejaron de ser términos técnicos para convertirse en herramientas fundamentales que mejoran la experiencia de todos.
La Dra. Peña también invitó a reflexionar sobre la idea de “diversidad funcional”, un enfoque que desplaza la mirada del individuo hacia el entorno. En lugar de entender la discapacidad como algo que debe corregirse, propone reconocer que son las barreras del contexto las que limitan la participación. Nombrar esta realidad es el primer paso para transformarla.
Más adelante, un panel de expertas reunió a representantes de la Universidad Panamericana, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Anáhuac México. A través de sus intervenciones, quedó claro que, aunque cada institución sigue caminos distintos, todas comparten una misma convicción: la inclusión debe construirse desde dentro. Se discutieron avances, retos y aprendizajes, destacando la necesidad de atender tanto las barreras estructurales como las culturales, especialmente aquellas que se reflejan en actitudes y percepciones.
Las mesas de diálogo, moderadas por estudiantes, ofrecieron un espacio para escuchar a la comunidad universitaria. En ellas se abordaron temas como la accesibilidad, la convivencia y los prejuicios. Participar en estos espacios permitió reconocer avances, pero también visibilizar pendientes que durante años habían permanecido sin atender. Fue especialmente significativo notar que muchas personas se acercaban con cautela, preocupadas por no usar las palabras correctas. Lejos de ser un obstáculo, esto evidenció que el desconocimiento puede ser el inicio de una conversación necesaria.
Uno de los aprendizajes más valiosos de la jornada fue una idea sencilla pero poderosa: aquello que beneficia a las personas con discapacidad termina beneficiando a todos. La accesibilidad no es un privilegio, sino una forma inteligente de diseñar entornos más funcionales, justos y humanos.
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Hoy, quienes estudiamos en la Universidad Panamericana seremos pronto quienes tomen decisiones en empresas, instituciones y comunidades. Por ello, la inclusión no puede entenderse como un valor añadido, sino como una expresión concreta del respeto a la dignidad humana. En ese camino, la universidad tiene tanto que ofrecer como mucho por seguir construyendo.
COLABORE continuará trabajando para consolidar a la UP como un referente en inclusión laboral, social y educativa en México. Sin embargo, el cambio no depende únicamente de los programas institucionales, sino de la participación de cada miembro de la comunidad. Abrir conversaciones, cuestionar lo establecido y repensar nuestros espacios son pasos fundamentales.
Porque, al final, la transformación comienza con algo tan simple —y tan poderoso— como decidir participar.
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