Una exposición recupera a las mujeres en la historia del libro
La muestra recorre cinco siglos de aportaciones de mujeres a la escritura, la impresión y la cultura escrita en México
Una exposición recupera a las mujeres en la historia del libro. Imagen: Memórica
Durante siglos, al contar la historia del libro en México, los nombres de escritores e impresores han ocupado buena parte del relato. Sin embargo, detrás de cada publicación también hubo mujeres que escribieron, imprimieron, encuadernaron, ilustraron, leyeron y preservaron el conocimiento, aunque su participación no siempre recibió reconocimiento.
Para recuperar esas historias, la exposición virtual “Las mujeres en el mundo del libro en México. Escritos, imágenes y voces” propone un recorrido por más de cinco siglos de historia, desde la escritura mesoamericana hasta la producción editorial contemporánea, a través de documentos, imágenes y testimonios históricos.
La muestra, disponible de manera gratuita en la plataforma Memórica, del Archivo General de la Nación (AGN), es una iniciativa del Seminario Mujeres y Estudios del Libro del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM (SEMEL-IIB-UNAM).
Elizabeth Treviño, investigadora del IIB y coordinadora general y académica de la exposición, junto con la doctora Marina Garone Gravier, explica que el proyecto nació de la necesidad de incorporar la perspectiva de género al estudio de la historia del libro y la edición en México.
“Un libro es mucho más que su autor o autora. Un libro son sus lectores, sus editores, hasta la cadena de distribución: quienes buscan el libro, lo consiguen, lo compran y lo recomiendan. Nos interesaba preguntarnos qué nos está faltando ver para identificar a las mujeres en esta historia”, señala la doctora en entrevista.

Cinco siglos de historias por descubrir
El recorrido está organizado en cuatro núcleos temáticos que permiten acercarse a distintas épocas y facetas de la participación femenina en la cultura escrita.
“Tlacuilas de ayer y hoy” conecta la escritura mesoamericana con creadoras contemporáneas en lenguas originarias, como Natalia Toledo y Marisol Ceh Moo. Entre sus figuras destaca Ix Uh Chan, o Señora Estrella Vespertina, una noble maya de Yaxchilán, cuyo nombre aparece acompañado del título de “ix aj k’uhuun” o “guardiana de los códices”.
Para Treviño, esta figura resulta especialmente significativa porque permite entender a una mujer no solo como custodia de documentos, sino también como enlace entre generaciones y depositaria del conocimiento.
“Me pareció bellísimo entender a una mujer como una guardiana, una custodia de la información”, comparte la investigadora.
El segundo núcleo, “Al fuego de las palabras”, se adentra en la Nueva España, donde las mujeres también participaron en la impresión de libros. Algunas viudas de impresores mantuvieron activos los talleres tipográficos tras la muerte de sus esposos, mientras que lectoras de conventos y hogares dejaron huellas de sus prácticas mediante anotaciones y marcas de propiedad en los ejemplares.
La exposición continúa con “Las letradas de una nación independiente”, dedicado a impresoras, encuadernadoras, maestras y lectoras del siglo XIX. El último apartado, “Palabras e imágenes violetas”, reúne a escritoras, periodistas e ilustradoras de los siglos XX y XXI, entre ellas Rosario Castellanos, la periodista Esperanza Velázquez Bringas y la ilustradora Margarita Sada, además de creadoras contemporáneas en lenguas originarias.
Volver a los documentos para encontrar sus huellas
¿Cómo reconstruir la participación de mujeres que no siempre aparecen en los relatos históricos? Una de las claves del proyecto fue volver a las fuentes, revisar documentos conocidos y formular nuevas preguntas sobre lo que revelan.
El equipo curatorial, integrado por especialistas en historia del arte, historia, musicología, bibliología y estudios de la prensa, examinó testimonios históricos para identificar quiénes estaban detrás de los procesos de escritura, producción y circulación de los libros.
La búsqueda también implicó observar los documentos como objetos materiales, revisar sus características y rastrear las señales que dejaron sus creadoras, propietarias o lectoras.
“Nos guiaba la pregunta de qué más podemos decir: dónde estaban las mujeres, qué estaban haciendo, cuál fue su participación concreta en ese testimonio y cómo lo tenemos. El objetivo era ver qué nos dice esa fuente histórica sobre la mujer que encontramos en el documento”, explica Treviño.
La investigadora señala que uno de los retos fue seleccionar historias representativas sin pretender abarcar a todas las mujeres que contribuyeron a la cultura escrita. Por eso, la muestra funciona como una introducción que invita a seguir investigando.

Garone Gravier y Elizabeth Treviño, fundadoras del SEMEL. Imagen: Memórica
Una historia que también habla del presente
Recuperar estos nombres no solo permite conocer mejor el pasado. También ayuda a reconocer prácticas que persisten en la actualidad, como la omisión de créditos o la costumbre de identificar a una mujer por su relación con un hombre, en lugar de reconocer su trayectoria.
Treviño compara a las impresoras que aparecían como “viuda de” con referencias actuales que presentan a las mujeres como “esposa de”, sin reconocer sus méritos.
“En ocasiones, ni siquiera encontramos en el pasado tanto como hoy que se les nombre correctamente o que se les dé crédito. Eso también lo vemos en la actualidad, en la labor que hace una mujer dentro del proceso editorial”, advierte.
Para la investigadora, nombrar e identificar a quienes participaron en la producción y circulación del conocimiento es un primer paso para corregir esas ausencias y comprender la historia desde una perspectiva más amplia.
La exposición recurre al formato digital para acercar estas historias a nuevas generaciones. Al estar alojada en Memórica, permite consultar los materiales y seguir explorando otros acervos, según el periodo o el tema que despierte el interés de cada visitante.
Elizabeth Treviño considera que todavía queda mucho por investigar sobre la participación femenina en los procesos editoriales y en la cultura escrita, que abarca no solo los libros, sino también las cartas, los periódicos, los hábitos de lectura y las formas de circulación del conocimiento.
“Lo primero está en la voluntad de ver y buscar. Tener el interés de ver y buscar es la única forma en la que podemos concentrarnos para encontrarlas”, indica Treviño.
La exposición “Las mujeres en el mundo del libro en México. Escritos, imágenes y voces” puede consultarse gratuitamente en el sitio de Memórica.
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