¿Por qué reciclamos tan poco? La ciencia responde
La ciencia y la tecnología buscan transformar el reciclaje plástico para reducir la contaminación y construir un futuro sostenible
¿Por qué reciclamos tan poco? La ciencia responde. Foto: Pexels
Todos usamos plástico todos los días. Está presente en botellas, empaques, ropa deportiva, dispositivos electrónicos e incluso en objetos médicos. Es tan común que rara vez pensamos qué ocurre después de desecharlo. Sin embargo, detrás de una simple botella vacía existe uno de los mayores desafíos científicos y ambientales de nuestra época.
El mundo produce actualmente más de 400 millones de toneladas de plástico al año, una cantidad que crece más rápido que nuestra capacidad para reciclarla. Se estima que menos del 10% se recicla de manera efectiva. El resto termina en rellenos sanitarios, ríos y océanos, o es incinerado, generando contaminación y emisiones que afectan los ecosistemas, el clima y la salud humana.
Pero ¿por qué resulta tan difícil reciclar plástico? La respuesta está en la ciencia. Los plásticos están formados por largas cadenas moleculares llamadas polímeros, derivadas principalmente del petróleo. Cada tipo de plástico posee propiedades distintas, por lo que no todos pueden reciclarse de la misma manera.
Actualmente, el método más utilizado es el reciclaje mecánico. En este proceso, los residuos se recolectan, limpian, clasifican, trituran y funden para fabricar nuevos productos. Aunque representa una herramienta importante para disminuir residuos, tiene una limitación significativa: el plástico pierde calidad en cada ciclo, por lo que solo puede reciclarse unas cuantas veces antes de deteriorarse.
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Por ello, científicos e ingenieros trabajan en alternativas más avanzadas, como el reciclaje químico. Esta tecnología descompone el plástico en sus moléculas originales para producir materiales prácticamente nuevos. En teoría, esto permitiría reciclar ciertos plásticos muchas más veces y reducir considerablemente la contaminación. Sin embargo, aún enfrenta desafíos importantes, como sus altos costos y la necesidad de infraestructura especializada.
Gracias al trabajo de químicos, ingenieros, programadores y científicos de datos, hoy existen sistemas inteligentes capaces de identificar y separar residuos mediante sensores ópticos e Inteligencia Artificial. Estas tecnologías mejoran la eficiencia del reciclaje y permiten recuperar materiales que antes se perdían por contaminación o mala separación.
Además, investigadores desarrollan plásticos biodegradables y materiales más sostenibles, mientras especialistas en medio ambiente impulsan modelos de economía circular, donde los productos se diseñan para reutilizarse y mantenerse en uso el mayor tiempo posible.
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En México, particularmente en Jalisco, ya existen iniciativas que muestran cómo la ciencia y la participación ciudadana pueden trabajar juntas para enfrentar este problema. Programas enfocados en reducir plásticos de un solo uso, campañas universitarias y centros de acopio han fortalecido la conciencia ambiental. Entre estas iniciativas destaca “Plastitrueque”, impulsado por Braskem Idesa en colaboración con la Universidad Autónoma de Guadalajara. Durante su edición 2025 se recolectaron 12 toneladas de plástico destinadas al reciclaje, promoviendo además la educación ambiental y el manejo responsable de residuos.
Aunque el reciclaje ayuda a reducir emisiones de CO₂ y ahorrar recursos naturales, el desafío sigue siendo enorme. La producción de plástico crece más rápido que nuestra capacidad para procesarlo. Por ello, además de reciclar, es fundamental reducir el consumo, reutilizar materiales y diseñar productos más sostenibles desde su origen.
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