Lo que significa estudiar en una institución con más de 80 años de historia
Estudiar en una institución con décadas de historia también significa formar parte de un legado que sigue transformando vidas y comunidades
Foto: Unsplash
Todos los días voy al campus, camino por sus pasillos, interactúo con mis profesores y soy parte activa de una comunidad que lleva más de 8 décadas transformado las vidas de jóvenes. ¿Cómo es posible que algo tan cotidiano para mí sea algo que haya marcado la vida de tantas generaciones?
Cada septiembre soy partícipe de los eventos que hay en el marco del aniversario del Tecnológico de Monterrey. Me visto de azul, asisto a las celebraciones y comparto los tradicionales chilaquiles con mis amigos. Sin embargo, confieso que nunca me había detenido a pensar en el verdadero significado de cada aniversario.
Festejar 83 años de trayectoria e impacto suena monumental. Sé que la palabra “impacto” es profunda, pero así es. Me doy cuenta de que desde que pisé el Tec por primera vez en la preparatoria, hace cinco años, a la persona de hoy, soy completamente diferente a la de entonces.
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Soy alguien que cumplió sueños que ni siquiera sabía que tenía, que creció y se desarrolló más allá de las aulas académicas. Como estudiante de Negocios Internacionales, entiendo que esto es el reflejo de una gran institución que ha sabido adaptarse con liderazgo a lo largo de diversos momentos históricos.
Pero más allá de la teoría, como persona, me inspira saber que formo parte de un espacio por donde pasaron quienes hoy son mis maestros. Un lugar por donde han transitado los abuelos, padres, hijos y nietos que hoy están dejando su huella por y para el desarrollo de México.

Esa fue una de las principales motivaciones para Don Eugenio Garza Sada al crear esta institución: mejorar a México, un joven a la vez, bajo la firme convicción de que “la educación lo puede todo”.
Para entender la magnitud de esa visión, basta con mirar el tamaño de sus primeros cimientos. Todo esto empezó un 6 de septiembre de 1943 con una clase de matemáticas en una casona ubicada en el centro de Monterrey, Nuevo León, con apenas 350 estudiantes, 14 profesores y carreras para dos áreas de estudio.
Hoy en día, el Tec está presente en más de 20 cuidades de México y tiene más de 90 mil estudiantes en sus aulas que estudian alguna de las más de 40 carreras profesionales que impulsan el talento y la innovación.
Al dimensionar el tamaño de su legado, comprendo que es mucho más que cifras, son jóvenes que, como yo, nos estamos formando y vivimos los pequeños detalles cotidianos que habitan en nuestras aulas todos los días.
Hasta antes de escribir estas líneas, admito que desconocía el trasfondo de los elementos que forman parte de mi día a día, como el origen del color azul o el verdadero significado de nuestro Borrego.
Hoy reconozco que solo usar una sudadera o tomarse una foto con Teus, la mascota del Tec, es ignorar la historia que crearon quienes nos antecedieron. Esto me provoca una mezcla de nostalgia y orgullo al pensar que, a las próximas generaciones, quizás les ocurrirá lo mismo con nuevos símbolos.
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Si bien estos 83 años no me pertenecen por completo, siento que yo sí pertenezco a esa historia. Es mi visión la que se está transformando, y con ella, la de miles de personas que año con año se suman a este gran legado.
Estos 83 años se traducen en miles de vidas que han encontrado un significado en cada salón y en cada espacio. Esas personas ya están transformando a México y al mundo un paso a la vez, y eso me motiva a pensar que mi propia historia, que aún se está forjando, también cuenta.
Autora: Dessire Wong Rodríguez, estudiante de Negocios Internacionales del Tecnológico de Monterrey, Campus San Luis Potosí.
Instagram: @dessire_wong
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Estudiar en una institución con décadas de historia también significa formar parte de un legado que sigue transformando vidas y comunidades
