Choque cultural: lo que nadie te dice del intercambio
Estudiantes comparten sus experiencias al irse de intercambio al extranjero y cómo transformaron sus expectativas sobre vivir en otro país
Choque cultural: lo que nadie te dice del intercambio. Imagen: Freepik
Cuando Nailea Molina subió al avión rumbo a Alemania en 2022, nunca imaginó lo que experimentaría meses después. Durante su intercambio, en un descuido, le robaron la bolsa con su celular y sus tarjetas bancarias.
Cree que esa experiencia fue consecuencia de un exceso de confianza: asumir que en otros países “no pasa nada”. La idealización sobre Europa tampoco terminó ahí. El proceso de reposición tardó más tiempo de lo que esperaba.
La experiencia le hizo entender la distancia entre expectativa y realidad, pues cada país tiene puntos negativos y positivos: “Todo eso me enseñó a no idealizar”. Como Nailea, otros estudiantes descubrieron que un intercambio académico también implica enfrentarse a choques culturales que rara vez se mencionan antes de subir al avión.
Nada asegura que el proceso ocurra de forma fluida. Prepararse requiere algo más que una cuestión educativa. Aunque es difícil anticiparse a futuros escenarios, un grupo de jóvenes comparte anécdotas y consejos para los próximos candidatos que desean embarcarse en un intercambio.

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Barreras lingüísticas
Si algo suele detener a un estudiante antes de viajar al extranjero es el idioma. Sin embargo, hablarlo no garantiza desenvolverse con facilidad en otro país.
Eduardo Ciprés, de 25 años, cursó su internado en Charité – Universitätsmedizin Berlin. Viajó hasta Alemania para perfeccionar sus conocimientos en neurocirugía y cirugía general, pues la entidad académica es líder en esa especialidad.
Con ese objetivo en mente, estudió más de tres años alemán en la Escuela de Lenguas Lingüística y Traducción de la UNAM y logró alcanzar un nivel entre B1 y B2.
Al llegar, confiesa que comunicarse con las personas fue muy difícil: “Las primeras dos semanas no entendí nada”. Hablarlo en ese contexto no se parecía a practicarlo en un salón de clases. Le tomó tiempo acostumbrarse al acento local y al de otros extranjeros.
“Desde la primera conversación en alemán me perdí muchísimas cosas técnicas en los pacientes, porque ellos usaban frases cotidianas que no había escuchado y que apenas entendía”, explica Eduardo.
Incluso con un nivel suficiente para la vida cotidiana, adaptarlo al país receptor toma tiempo. A Pamela Camargo, estudiante de maestría en Arquitectura y Medio Ambiente Sostenible en la Universidad de Kent, Inglaterra, le tomó un mes sentirse cómoda para expresar lo que realmente quería.
A ello se suma que no siempre hablarás con personas de acento estándar, por lo que recomienda prestar mucha atención y preguntar si pueden repetirlo de nuevo en caso de dudas.
“Creo que es una cuestión de práctica y de perder el miedo a interactuar con los profesores y compañeros”, aconseja Pamela.
En algunos intercambios internacionales basta con el inglés, aunque eso no vuelve más sencilla la vida cotidiana. Andrea Martínez, estudiante de doctorado en la Universidad de Juntendo, en Japón, advierte que en esos escenarios llegas a un punto en el que no puedes desenvolverte completamente por la barrera lingüística.

Desde su experiencia, comparte que en los trámites administrativos se nota el peso que tiene dominar el idioma. De ser una persona independiente, ahora necesitas apoyo, trabajo extra y mucho más tiempo para realizar actividades que antes pensarías que no lo requerían.
El dominio del inglés sin conocimientos de la lengua nativa en países como Japón también puede traducirse en una dificultad para relacionarse socialmente.
“Muchos dicen ‘es que es muy difícil hacer amistades con los japoneses’. No puedes esperar que ellos, que no hablan inglés, hagan una amistad tan cercana como con alguien que entiende el idioma o que tiene el mismo nivel de comprensión”, señala Andrea.
Multiculturalidad en el intercambio
Daniela Granados estudia un diplomado en Marketing en Melbourne y una de las cosas que más le asombró de Australia fue su multiculturalidad.
“Gente de todo el mundo en una ciudad es algo que nunca había visto en otro país”, afirma Daniela. Aunque le pareció interesante, considera que al mismo tiempo puede resultar caótico.
Conectar con personas de otros países puede ser complicado, ya que muchas prefieren relacionarse con sus compatriotas: “El racismo está todavía muy presente y por ende terminan sintiéndose más seguros entre ellos”.
Desde que visitó Australia por primera vez a finales de 2022 para estudiar inglés, nunca ha enfrentado actos de racismo, pero identificó desconocimiento sobre Latinoamérica: “Piensan que seguimos en los años 50 o nos tienen muy estereotipados”.
En Canterbury, ciudad del sureste de Inglaterra, Pamela Camargo sintió algo parecido. Su choque fue descubrir esa distancia con los lugareños: “Me llevaron a un pequeño oasis en donde en realidad veía a pocos ingleses”.
Durante el intercambio académico, lo más recomendable es no quedarse solo en el campus universitario. Para Pamela, explorar la ciudad es parte de un proceso de conocimiento e integración que “requiere de mucha apertura en aceptar y descubrir nuevos entornos”.
Esa misma sensación la comparte Zuri Islas, quien vive en Frankfurt como parte del programa Au Pair. Ahora que está en la ciudad alemana, percibe esa distancia en una ciudad marcada por la presencia de residentes extranjeros.
La experiencia estudiantil
Las universidades también funcionan como apoyo frente a los choques culturales. Para Nailea Molina, de 24 años, su estancia de dos semestres en Alemania le permitió conocer los programas con los que cuentan las universidades para ayudar a los extranjeros que están de intercambio.
Explica que existen diferentes programas para facilitar la vida cotidiana alemana, incluido el acercamiento con amistades locales.
“Tienen grupos y subsidios para que toda esta experiencia sea placentera para los extranjeros”, afirma Nailea.
Aun con ese acompañamiento, los choques culturales siguen apareciendo. Andrea Martínez reconoce que en Japón la mayor impresión fue insertarse en el mundo académico y laboral.
A diferencia de su intercambio estudiantil a China cuando estaba en preparatoria, el ambiente permitía “mediar con la cultura, pero no directamente ser influenciado por ello”. Ahora que participa más en el sector laboral, menciona que puede notar más las diferencias culturales.
Mientras que en México, un supervisor trabaja contigo, en Japón, especialmente en posgrado, esperan que manejes el proceso de forma independiente, casi el 90% de tu parte: “es muy complicado cuando apenas llegas a un país donde todo está en un idioma diferente”, dice Andrea.
Además, la exigencia académica es distinta: “Se aprende más por observación que por explicación. Esperan que puedas hacer muchas cosas por tu cuenta y que no preguntes y que averigües por ti mismo”.
Algo similar le ocurrió a Fernanda García, quien realizó un intercambio a Hankuk University of Foreign Studies en 2019. Su mayor shock fue la diferencia en los métodos de aprendizaje, pues en Corea del Sur se centran más en la memorización.
A diferencia de México, donde se recurre a estudios de caso o resolución de problemas, en las universidades coreanas, “el profesor te explica tal cual viene en el libro y estudias de esos apuntes, es lo que va a venir tal cual en el examen”.
En las clases también experimentó dificultades para entablar amistades: “Los coreanos como que se cierran en una burbuja y no quieren convivir un poco más con los extranjeros”, comparte Fernanda.
Y sucede en ambos sentidos: “Muchas veces nos cerramos en el mismo círculo, en mi caso fue con los latinos. No tuve amigos coreanos porque o ellos se cierran o tú lo haces porque ellos también se aíslan”.
Para evitarlo, Fernanda recomienda tener más apertura para conocerlos. Aunque no se acerquen primero, sugiere empezar la conversación.
Estilo de vida
Conforme avanza el intercambio académico, la adaptación al estilo de vida aumenta. A Fernanda, le costó mucho acostumbrarse al estilo de vida coreano caracterizado por hacer todo rápido.
Uno de los choques más fuertes llegó a través de la comida. En Corea del Sur no existe la sobremesa. Llegas, comes y te vas.
Eduardo Ciprés también encontró un choque similar: “Una vez estando allá me di cuenta de que los alemanes toman la comida como algo necesario para nutrirse”.
Además de la dieta, le sorprendió el entorno laboral. A los médicos se les permite salir temprano y tienen más descansos. “Ellos buscan vivir bien y lo logran, esa es su máxima calidad de vida y la consiguen con un buen transporte, con el cuidado del medio ambiente, con familias pequeñas”, expresa Eduardo.
Durante su internado, le asombró que a los pasantes de medicina les dieran un día para estudiar en casa: “En México sería inconcebible”.

En Alemania, Zuri Islas experimentó un choque cultural mientras iba en el transporte público. Estaba hablando por teléfono cuando una señora le pidió que guardara silencio. Le sorprendió porque es algo común en México, pero no en ese país. Otra situación similar fue al saber que el domingo es un día en el que se procura no hacer ruido y la mayoría de establecimientos están cerrados.
“Cuando llegas a un país y así es su cultura, tienes que adaptarte”, recomienda Zuri.
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Nailea Molina vivió algo parecido. Cuando iba en el autobús rumbo a la universidad, habló en español por teléfono con su mamá. Una señora se molestó y le pidió que hablara en alemán, aunque intentó explicarle la situación, la persona continuó los gritos.
“Todo me enseñó a no idealizar, sino vivir e investigar antes de tomar decisiones y opinar. Me di cuenta que Alemania me encanta, es un país muy bueno, pero también tiene sus cosas malas, así como en México”, señala.
Ten en cuenta lo más básico
Un factor a considerar antes de realizar un intercambio académico es el aspecto económico. Nailea aconseja no limitarse a las oportunidades más comunes, sino investigar más a fondo diferentes programas para saber qué beneficios ofrecen y a qué servicios puedes acceder.
En cuanto a becas académicas, Eduardo Ciprés advierte anticipar posibles retrasos, incluso hacia el final del intercambio, y contar con presupuesto propio, pues los gastos pueden ser mayores al monto total.
“Las opciones son muy pocas, o te endeudas, sacas una tarjeta, un préstamo bancario o te pones a trabajar”, puntualiza Edurado.
Elegir la universidad es un paso fundamental. Pamela Camargo recomienda investigar la institución y la plantilla docente. El acompañamiento también es importante, por eso sugiere buscar personas que atraviesen la misma situación para sobrellevar mejor el proceso, tener más motivación y resolver dudas comunes.
Un intercambio académico es algo más que viajar al extranjero. Para Andrea Martínez, debes tener muy claros los objetivos, especialmente al aplicar a becas: “tienes que saber bien qué quieres de Japón. No puedes venir solo porque te gusta el país, tienes que saber qué quieres aprender”.
Andrea recomienda plantearse preguntas: “¿Por qué quieres aprender esto en Japón? ¿Y qué vas a traer de Japón que nos sirva a México?”.
Aunque el proceso de adaptarse a otra cultura puede resultar complicado o frustrante, sugiere que se debe tener paciencia y afrontar la situación con tranquilidad.
“Las experiencias aquí las hace la persona. No esperes que Japón lo haga”, indica Andrea.
Autora: Aura Resendiz
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