Cempasúchil: la flor mexicana que ilumina la tradición y sorprende a la ciencia
Tradición, ciencia y economía convergen en el cempasúchil, una flor mexicana con aplicaciones sorprendentes
Cempasúchil: la flor mexicana que ilumina la tradición y sorprende a la ciencia. Imagen: creada con IA
Cada otoño, México se cubre de tonos dorados y anaranjados gracias al cempasúchil, la flor que da vida a las ofrendas del Día de Muertos. Su intenso color y su característico aroma forman parte de una tradición reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Sin embargo, detrás de esta emblemática planta existe mucho más que simbolismo: el cempasúchil también es un recurso de gran valor para la ciencia, la medicina, la agricultura y la industria.
El cempasúchil (“Tagetes erecta”) es originario de México y Centroamérica. Su nombre proviene del náhuatl “cempohualxóchitl”, que significa “flor de veinte pétalos” o “flor abundante”. Desde la época prehispánica fue utilizado en ceremonias religiosas, remedios tradicionales y como planta ornamental. Hoy continúa siendo un elemento esencial del Día de Muertos, pues, según la tradición, el color brillante de sus flores y su aroma guían a las almas de los seres queridos hacia las ofrendas preparadas por sus familias.
Además de su importancia cultural, esta flor es una verdadera fuente de compuestos químicos de interés científico. Sus pétalos contienen carotenoides, especialmente luteína y zeaxantina, pigmentos naturales responsables de su característico color amarillo-anaranjado. Estas sustancias poseen propiedades antioxidantes y son fundamentales para la salud ocular, ya que ayudan a proteger la retina y pueden disminuir el riesgo de degeneración macular asociada con la edad.
Gracias a estas propiedades, el cempasúchil se cultiva a gran escala para extraer luteína, utilizada en suplementos alimenticios y como colorante natural. También es ampliamente empleado en la industria avícola para intensificar el color de la yema del huevo y de la piel del pollo mediante pigmentos de origen natural. Se estima que más del 90 % de la luteína natural utilizada comercialmente en el mundo proviene de esta planta.

Las aplicaciones del cempasúchil no terminan ahí. En agricultura sostenible se utiliza como un aliado natural para el control de plagas. Sus raíces producen compuestos que reducen la presencia de nematodos y algunos microorganismos dañinos del suelo, por lo que suele sembrarse junto con otros cultivos para disminuir el uso de pesticidas químicos. Asimismo, sus flores atraen insectos polinizadores como abejas y mariposas, favoreciendo la biodiversidad y la productividad agrícola.
En el ámbito científico también se investigan sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antimicrobianas y antifúngicas, además de su potencial para el desarrollo de cosméticos, medicamentos y tecnologías de fitorremediación para recuperar suelos contaminados.
En 2025, México alcanzó un récord de producción con 20 mil toneladas de cempasúchil, con una derrama económica estimada en alrededor de 370 millones de pesos.
No obstante, el cambio climático, las sequías y las lluvias intensas representan desafíos crecientes para los productores, impulsando el desarrollo de variedades más resistentes y mejores prácticas agrícolas que permitan conservar tanto la producción como la biodiversidad asociada a esta especie.
El cempasúchil demuestra que una tradición ancestral también puede ser una fuente de innovación. Cada flor reúne historia, biodiversidad, química, agricultura y tecnología, recordándonos que la ciencia muchas veces florece en los elementos más cotidianos de nuestra cultura. Detrás de cada pétalo existe un ejemplo de cómo el conocimiento científico puede preservar las tradiciones, impulsar el desarrollo económico y contribuir a un futuro más sostenible.
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