Vision Board: cómo ordenar tus metas en 2026. Imagen: Unsplash
Graduarse, aprender nuevos idiomas, encontrar el trabajo soñado, mejorar la situación financiera, cuidar la salud y un largo etcétera. Enlistar todos los propósitos para el nuevo año suele ser sencillo; recordarlos en febrero y darles seguimiento no tanto. Hacerlo se vuelve un reto y, al llegar diciembre, el arrepentimiento aparece porque el tiempo se fue volando.
Ante este panorama, herramientas como el vision board se han popularizado como una forma de recuperar el enfoque y la motivación. Mafi Paredes, egresada de la licenciatura en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lleva cuatro años utilizándolo.
Para ella, no se trata de una fórmula mágica ni de una lista rígida que determina cómo debe ser su año. Es un proceso de introspección profunda, pausa y calma que le permite visualizar cómo le gustaría que fueran los próximos 12 meses. No son reglas estrictas, sino un recurso que aporta mucha claridad y motivación.
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Genis Yaisuri Jiménez Ramírez, académica e investigadora del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, define el vision board como una representación visual de metas, deseos y aspiraciones personales, familiares, laborales y financieras.
“Este tipo de herramientas permite que una persona encamine su energía, motivación e incluso su pensamiento hacia la planeación y visualización de metas a corto, mediano y largo plazo”, explica la académica.
Para Mafi, el vision board ofrece una perspectiva más amplia al permitir ver los objetivos como un conjunto. Esto resulta especialmente útil cuando te abrumas porque quieres lograr muchas cosas a la vez, pero experimentas la sensación de estar descuidando algunas metas por enfocarte en otras.
Además de ser una herramienta de planeación personal, el vision board también tiene beneficios cognitivos. Desde la neuropsicología, Jiménez Ramírez explica que se relaciona con la forma en la que el cerebro procesa la información, ya que el sistema cognitivo es predominantemente visual.
Al crear un vision board, se generan imágenes mentales de sueños y metas que permiten al cerebro pasar de lo abstracto a lo concreto, lo que facilita la creación de una memoria emocional que orienta la acción hacia su cumplimiento.
“Funciona muy bien porque activa áreas cerebrales que posibilitan recuerdos y la planeación, y sistemas como el límbico, orientados a la motivación, al sentido de la vida y a una memoria selectiva de las cosas que son importantes”, agrega.
Para Mafi, el vision board es una fuente de inspiración, no un plan estricto e inamovible que deba cumplirse al pie de la letra. Funciona como un apoyo para ponerse en acción, pero no garantiza resultados automáticos.
Llegar a diciembre sin haber cumplido los propósitos planteados en enero y quedarse solo con la sensación de frustración es una experiencia común. Para evitarlo, Jiménez Ramírez recomienda establecer metas realistas y considerar habilidades, áreas de oportunidad y recursos disponibles.
La especialista recuerda que se requieren al menos 21 días de trabajo continuo para crear un hábito, aunque aclara que este tiempo es variable y depende de la complejidad de cada objetivo.
Avanzar a través de metas alcanzables permite que el vision board cumpla su función como herramienta motivacional y no se convierta en un ejercicio desalentador.
Expertos en psicología también han señalado sus múltiples beneficios. Una investigación publicada en 2016 en el Journal of Creativity in Mental Health mostró que favorece la expresión creativa y la autoconciencia. Mientras que otro estudio de la misma revista pero de 2019 exploró el potencial de esta herramienta para ayudar a los jóvenes a prepararse para su futuro profesional sin que el proceso resulte abrumador.
El primer paso es contar con una base en blanco sobre la que puedas empezar a crear. Puede ser una cartulina, una hoja o un formato digital a través de alguna plataforma de diseño.
“No tiene un deber ser en cuanto a visualización”, advierte la egresada de la UNAM. La elección de las imágenes, palabras y elementos visuales es completamente libre, siempre que transmitan las emociones, situaciones y objetivos que se desean alcanzar.
Tras cuatro años de experiencia, Mafi sugiere elegir recursos visuales que funcionen como representaciones más generales o abstractas, lo que permite mantener una apertura ante los cambios, ya que los planes no siempre se cumplen de forma lineal.
Por su parte, la académica de la Ibero señala que no es necesario abarcar cada uno de los aspectos de la vida en un solo vision board, también es válido enfocarse en un área específica que consideres prioritaria.
Aunque suele asociarse con un proceso individual, hacerlo en comunidad puede reforzar el compromiso. Mafi acostumbra realizarlo con las mujeres de su familia: “El primero de enero siempre nos sentamos juntas en la mesa, nos ayudamos y compartimos el proceso, y creo que eso también es muy bueno”, comparte.
Jiménez Ramírez añade que compartir tus metas y deseo con familiares y amigos refuerza el nivel de compromiso que se tiene con uno mismo, la motivación a lo largo del tiempo, e incluso puede facilitar que los demás contribuyan a su cumplimiento.
El proceso no termina al concluir el vision board. La especialista subraya la importancia de realizar evaluaciones periódicas para hacer ajustes y evitar que las metas se perciban como algo lejano.
“Permite que se hagan ajustes y que no lo sientas como algo inalcanzable, sino más inspirador y motivador para el logro de metas futuras”, señala.
Colocar el vision board en un lugar visible es una parte clave para invitar a la acción. Puede ser en la pared, junto al escritorio o la cama, y si es en formato digital, como fondo de pantalla de la laptop o del celular.
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La herramienta resulta especialmente útil para personas que suelen postergar tareas o tienen dificultades para alcanzar objetivos. También es ideal para los jóvenes, ya que es una etapa clave para construir metas personales, laborales y educativas. De acuerdo con Jiménez Ramírez, entre los 21 y los 25 años el cerebro alcanza uno de sus niveles más altos de plasticidad y maduración.
El valor principal de este tipo de herramientas, considera la experta, es ayudar a visualizar lo que resulta prioritario y significativo en la vida, ser empáticos con uno mismo y reconocer los avances, incluso cuando las metas no se cumplen exactamente como lo imaginamos.
“No está mal no haber logrado los objetivos trazados. No llegamos hasta la meta, pero avanzamos hasta cierto punto y eso ya es valioso. Hay que reconocerlo, porque implica que estoy actuando y trabajando para su cumplimiento”, afirma la académica de la Ibero.
Autora: Aura Resendiz
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