Rentar fuera del país: lo que nadie te dice. Foto: Pexels
Rentar departamento en otro país suena emocionante, hasta que empiezas a ver precios, requisitos imposibles y zonas que “se ven bien” en Google Maps, pero están a una hora de todo.
Para Guillermo Bernal, urbanista y director de Fundación Placemaking, el error empieza desde cómo entendemos la ciudad: “La ciudad no se renta en metros cuadrados, se renta en accesos”. Esa frase resume buena parte del problema.
Muchos estudiantes eligen por precio y terminan pagando con tiempo, aislamiento y menos oportunidades. Y es que rentar como extranjero no es lo mismo que hacerlo como local.
“El extranjero entra sin red ni contexto. Eso lo pone en desventaja estructural”, explica Bernal.
En ciudades europeas, por ejemplo, no tener historial o aval puede cerrarte puertas desde el inicio, empujándote a opciones más caras o informales.
Uno de los errores más comunes es pensar que la vivienda es únicamente un lugar para dormir. “Define tu acceso a la universidad, redes, trabajo y vida social. Es la pieza más estratégica de toda la experiencia”, dice el experto.
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El panorama no es sencillo. Ciudades como Ámsterdam, París o Londres combinan alta demanda con precios fuera del alcance estudiantil. “El problema no es solo caro, es escaso”, advierte Bernal
Por eso, antes de viajar, sugiere algo poco intuitivo: estudiar la ciudad como si fuera un proyecto. Mapear líneas de transporte, tiempos reales de traslado y entender dónde sucede la vida cotidiana.
¿Buscar desde México o estando allá? ¿Qué es mejor? Bernal es claro: llega con algo temporal. Cerrar a distancia puede salir caro, no solo por fraudes, sino por malas decisiones: “La ciudad solo se entiende estando ahí”.
Y luego están los costos ocultos, como depósitos de hasta tres meses, comisiones, seguros obligatorios, servicios. En muchos casos, el precio real termina siendo hasta 25% más alto de lo que viste en el anuncio. Por eso, recomienda no destinar más del 30% o 40% del presupuesto a vivienda: “Arriba de eso, empiezas a recortar en cosas que afectan directamente tu experiencia”, advierte.
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Compartir suele ser más barato y, sobre todo, más conectado con la ciudad. Las residencias son cómodas, pero funcionan como burbujas. “Desde el urbanismo, compartir genera más integración”.
En México, la lógica no es tan distinta. Lugares como Ciudad de México y Monterrey se están volviendo cada vez más inaccesibles en sus zonas centrales, lo que obliga a vivir lejos y gastar horas en traslados. En contraste, ciudades como Puebla, Querétaro o Mérida todavía ofrecen un mejor equilibrio entre costo y calidad de vida.
Para quienes llegan del extranjero a México, el reto cambia: el mercado es más flexible, pero también menos regulado.
“No te piden tanto, pero tampoco hay tanta protección. Es un mercado que funciona más por confianza que por sistema”, asegura.
Al final, todo vuelve a lo mismo: ubicación. “He visto estudiantes duplicar su experiencia solo por vivir a 15 minutos caminando de su universidad en lugar de a una hora en transporte”, dice Bernal.
Porque sí, puedes ahorrar en renta, pero si eso te aleja de todo, también te estás perdiendo de todo. Y esa factura no viene en el contrato.
Autor: Juan Pablo Aguilar
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