Venezuela y la semilla antirrevolucionaria. Imagen: Pexels
La captura de Nicolás Maduro constituye un mensaje político de múltiples capas: apoyo simbólico, advertencia envuelta en velocidad y una demostración de voluntad política por parte de Estados Unidos.
La soberanía venezolana —que la Constitución de 1999 proclama residir “intransferiblemente en el pueblo”— fue, en los hechos, vaciada desde dentro. Tras el fallido golpe de Estado de 2002, Hugo Chávez utilizó el marco constitucional para concentrar el poder presidencial, legitimando un autoritarismo que deformó la promesa democrática originaria.
Antes de la llegada de Maduro en 2013, las bases ideológicamente socialistas y estructurales del régimen bolivariano ya estaban firmemente asentadas. El modelo se sostuvo en la concentración económica, la anulación sistemática de la oposición y un socialismo que concibe al disidente como enemigo político. Maduro no improvisó, pues heredó un sistema diseñado para no tener contrapesos y lo llevó a su expresión más cruel.
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En este contexto, el juicio de Maduro —sumado a su colusión con el crimen organizado— envía mensajes claros a distintos actores. Efectivamente, lo ocurrido el tres de enero de este año no fue una misión para capturar a un capo del narcotráfico, fue una carta escrita con una sola tinta, pero diversos mensajes.
Para el pueblo estadounidense, el mensaje no se ha expandido mas allá de un chiste que desenmascara la realidad: los Estados Unidos no están en decadencia. Estados Unidos ya se despertó de su siesta.
El significado para los gobiernos de México y Colombia muestra que no a Trump no hay que tomarlo a la ligera. Desde hace meses se anunciaba el destino de Maduro, así como se ha advertido la posible entrada de tropas para combatir al crimen organizado en México y Colombia. En otras palabras: “dicho y hecho”.
El resto de las potencias, a comparación de los países previamente mencionados entenderá que los Estados Unidos de Trump no son un actor que pueda ignorarse; son rápidos y eficaces. La disuasión nuclear ha pasado de moda, ahora son ataques relámpago de tan solo minutos — la coordinación, planeación y velocidad son el reemplazo del terror.
Los bolivaristas restantes reciben, en cambio, una noticia amarga que obliga a replantear sus propósitos de año nuevo. Ya no están seguros ni siquiera en su propio país. Pueden apartarse de la ruta de Chávez y Maduro o aferrarse a una revolución sin respaldo.
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Finalmente, este mensaje venia adjunto al que se le dio al pueblo venezolano: si el bolivarianismo insiste en repetirse, Washington D.C. quiere que sepan que cuentan con nuestro apoyo militar; su antirrevolución será respaldada y su derecho constitucional defendido.
La respuesta del gobierno de Delcy Rodríguez no se hizo esperar, pues desde X declaró que Venezuela está dispuesta a colaborar y cooperar con Estados Unidos, confirmando que la semilla de la antirrevolución ya ha dado frutos, y tan solo en cuestión de horas.
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