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El futbol es más que un deporte, es una forma de cultura y de conexión social. Es algo que se vive particularmente ahora que estamos en pleno mundial de Qatar. Tan solo el partido de fase de grupos entre México y Argentina fue visto por 20.96 millones de televidentes mexicanos según la FIFA [1].
En México estamos expuestos al futbol desde niños; ya sea en nuestra casa, en la escuela, con los amigos. Monterrey, por ejemplo, es una ciudad “panbolera” que se enfrenta y a la vez se reúne en el estadio, en carnes asadas y alrededor de cualquier televisor durante el clásico regio entre Tigres y Rayados.
Ser un aficionado es vivir la emoción, conectar. Las personas crean fuertes vínculos con algún equipo o jugador y viven cada partido como si también lo estuvieran jugando.
Es inevitable que nos acabe importando tanto. Pase lo que pase en la vida de una persona, su equipo favorito siempre jugará los fines de semana. Como dijo el escritor mexicano Juan Villoro, “elegir un equipo es una forma de elegir cómo transcurren los domingos”; definiendo así la relación de las emociones con este deporte.
¿Tuviste un mal día? Olvídate de tus problemas y prende la tele para ver el futbol. ¿Te sientes solo? Reúnete con tus amigos y comenta el partido con ellos. ¿Quieres ejercitarte y divertirte al mismo tiempo? Organiza una cascarita con los vecinos. Es algo accesible que siempre está ahí.
Los seres humanos estamos hechos para formar una comunidad y el futbol nos ofrece ese sentimiento de pertenecer a algo más grande, representa unión y nacionalismo. Compartimos la felicidad de un gol de la Selección y celebramos con millones. Pero incluso también puedes ser fan del FC Barcelona sin nunca haber ido a España y sentirte como un catalán y adoptar algo de su cultura.
Los aficionados son el alma de este deporte por el cúmulo de emociones que representan. Como dijo alguna vez el entrenador argentino Marcelo Bielsa, “El futbol es del que quiere al equipo. Ellos son el corazón de esta actividad. El futbol es de la gente.”
Si bien este deporte suele promover la convivencia y representar valores muy positivos, como vencer el miedo al fracaso, la honestidad, la justicia, el respeto, a veces el fanatismo puede tornarse en tristeza o enojo. Aquí es cuando tenemos que entender que existe una brecha entre el juego y la vida. Como dice el exfutbolista y exentrenador argentino Jorge Valdano, “El futbol es lo más importante de entre las cosas menos importantes.”
Es maravilloso que el futbol nos pueda generar emociones tan fuertes, pero hay que establecer ciertos límites para que no nos superen y seguir disfrutando del deporte más popular del planeta sin afectar a los demás.
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