Perderse también es avanzar: no tenerlo todo claro es parte del progreso
Por Paulina Gaspar Solares, estudiante de comunicación del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México
Perderse también es avanzar: no tenerlo todo claro es parte del progreso. Imagen: Unsplash
Con frecuencia se menciona a la pasión como el principal motor para estudiar, trabajar o crear. Sin embargo, no siempre está presente ni se manifiesta de la misma forma. En paralelo, los errores continúan viéndose como algo que debe evitarse, cuando también forman parte del proceso de aprendizaje.
2025 representó un periodo de cambios y reflexiones sobre estos temas, pues tomaron un nuevo sentido y se convirtieron en motivo de introspección sobre lo que significa avanzar como estudiante, cómo convivir con la carrera universitaria y las metas personales.
Sentirse agobiado o perdido, pensar que tus propias expectativas no se cumplen, que tu proceso no es valioso o que te quedas estancado mientras todos avanzan hacia mejores cosas, son ideas que inevitablemente se cruzan por la mente, sobre todo al ser estudiante.
Pese a su naturaleza agobiante, ese pensamiento posee una significativa oportunidad de
superación, el permitirse sentirlo es avanzar.

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Resignificar la pasión implica reconocer que esta no se liga al entusiasmo o a la producción constante. Puede presentarse en la calma, en la constancia o en la pausa, no necesariamente debe sentirse de forma intensa, ese pensamiento limita la manera en que se viven el aprendizaje y el progreso.
Todo ser humano tiene su ritmo y su forma de vincularse con su pasión. La comparación con el progreso de otros puede desviar la atención del propio y dificultar el reconocimiento de formas distintas de avanzar.
No encontrar aquello que genera interés o dirección no siempre significa ausencia de propósito, puede deberse a que la búsqueda se hace en lugares que no aportan claridad.
Hacer una pausa permite reconocer si dicho camino responde a expectativas externas o propias. Replantear el rumbo o los intereses desde una perspectiva distinta puede abrir nuevas posibilidades de sentido o formas distintas de avanzar.
¿Será que el tiempo que dedicamos a alcanzar nuestros objetivos ha perdido valor frente a la vara con la que se mide el éxito? Tal vez las presiones actuales y la exigencia de inmediatez respondan al ritmo acelerado con el que se consume el mundo. ¿La paciencia se ha vuelto un recurso escaso? Quizá se ha desplazado por la necesidad de producir y obtener resultados rápidamente.
No tener claridad del rumbo también forma parte del progreso. Estar perdido no implica estar detenido, sino tomarse el tiempo para comprender qué se busca y hacia dónde se debe avanzar. Aunque el entorno priorice la rapidez y los resultados inmediatos, tener un espacio para descubrir intereses y pasiones permite construir un camino con mayor sentido y conciencia.
El error forma parte del aprendizaje y no siempre representa un resultado negativo. Fallar otorga información útil sobre las decisiones o los límites personales que tenemos, permite analizar las causas y obtener conclusiones que favorecen el progreso. Valorarlo transforma el proceso y permite enfrentar con mayor claridad los desafíos.

Al reconocer que el error no es un punto final, sino un espacio de fortalecimiento personal, se reduce la carga negativa que suele acompañarlo. No es excluyente de la pasión, ya que esta no depende únicamente del éxito o reconocimiento, sino de la capacidad de continuar después de equivocarse y estar en disposición de aprender de ello.
Entender al error y a la pérdida de pasión como dos etapas naturales del aprendizaje permite ver al desarrollo personal y profesional desde una perspectiva más amigable, en donde se puede caer para así volver a levantarse.
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Un árbol grande y robusto no alcanza su forma de un día para otro. Le toma tiempo crecer, resiste tormentas y se adapta a los cambios. Sus raíces se expanden, algunas se pierden, pero él se mantiene en pie. Esto puede entenderse como un reflejo del crecimiento personal: avanzar requiere atravesar dificultades, aceptar las pausas y mantener la calma.
Todo pasa y todo llega a su tiempo. Cada camino tiene su propio ritmo y apresurarlo solo nos aleja más de lo que realmente buscamos. No hay que medir el progreso propio ni la pasión con parámetros ajenos, porque cada vivencia responde a tiempos distintos.
Aprender a respetar el ritmo propio también forma parte del crecimiento personal.
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Por Paulina Gaspar Solares, estudiante de comunicación del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México
