universitaria: así despiertan vocaciones desde la licenciatura. Imagen: Freepik
Vienen de contextos distintos, viven en diferentes ciudades, pero la investigación las une. Aranza Sánchez y Naomi Vásquez no se conocían, estudiaron en universidades diferentes y llegaron a la investigación por motivos particulares.
Pero hoy comparten algo más que una investigación y un libro publicado: la certeza de que investigar no es un territorio lejano. Más bien es una experiencia que transforma la forma de aprender y de mirar la carrera universitaria.
Para muchos estudiantes de licenciatura, la investigación académica parece un espacio complejo y reservado solo para expertos. Para Aranza Sánchez, egresada de la licenciatura en Comunicación de la
Universidad Panamericana, fue todo lo contrario: una oportunidad que la llevó a descubrir una faceta profesional que hoy quiere seguir explorando.
Su integración al proyecto de investigación que inició a finales de 2024 y culminó más de un año después con la publicación del libro “Narrativas y estrategias digitales en la campaña presidencial de 2024”, fue casi inmediata.
“Fue luego, luego. Sin pensarlo mucho, simplemente acepté, porque creí que era una muy buena oportunidad”, cuenta.
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Desde cuarto semestre, la materia de Investigación cualitativa le despertó el interés por la investigación . Después participó en un proyecto, pero solo en las primeras etapas. En esta ocasión, Aranza se involucró en todas las fases del proceso: planeación, análisis, redacción de un capítulo de libro y presentación de resultados.
A diferencia de experiencias previas, ahora pudo vivir la investigación de principio a fin y convivir con equipos multidisciplinarios de otras universidades. Esto le amplió su mirada sobre cómo se construye el conocimiento. El camino de la investigación no estuvo libre de dudas y retos: “La redacción me costó mucho trabajo. Es la primera vez que escribo para que se publique formalmente”, reconoce.
Organizar tiempos entre la universidad, las prácticas profesionales y su vida personal fue uno de los mayores desafíos. De igual forma adaptarse a la lectura de artículos especializados y a los procesos formales de la escritura académica.
Para Aranza, la experiencia cambió su forma de ver la investigación. Hoy la entiende como un espacio accesible y formativo: “Sí, 100 por ciento valió la pena”, afirma.
Mientras que Naomi Vásquez pensó durante casi toda su carrera que la Comunicación solo se vivía frente a una cámara, en un estudio, o detrás de un micrófono, hoy, con 22 años y recién egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila, en Torreón, sabe que también se construye entre libros, análisis, escritura y argumentos.
Su paso por un proyecto de investigación académica no solo la llevó a participar en la elaboración de un capítulo del libro: le cambió la manera de mirar su propia profesión.
La invitación llegó por parte de una profesora, quien la integró a su grupo de trabajo. Naomi aceptó la amable propuesta sin tener muy claro a qué se enfrentaría: “Uno piensa, no, pues investigación, qué aburrido. Pero después experimenté mucha emoción”, recuerda.
El miedo al error estuvo presente desde el inicio, pero fue parte del aprendizaje. “Si tú no te equivocas, no vas a aprender nada”, le repetía su maestra, frase que terminó marcando su proceso. Uno de los momentos más significativos para ella llegó cuando tuvo que viajar a CDMX para presentar los resultados de la investigación en la que participó en distintas universidades, frente alumnos y profesores.
“Nunca me imaginé viajar a Ciudad de México a exponer un artículo. Me dije: ‘si llegué, no sé cómo, pero llegué”, cuenta. Para Naomi, ese viaje confirmó que la investigación no es un espacio lejano ni exclusivo de maestros y doctores. Más bien es un territorio donde también caben los estudiantes.
José Luis López Aguirre, profesor e investigador de la Universidad Panamericana, en Ciudad de México, ha convertido sus proyectos en un auténtico semillero de talento académico.
En sus equipos de investigación, los alumnos no solo son un apoyo operativo: acompañan en todo el proceso, opinan y ayudan a replantear enfoques y escriben.
“Me he dado cuenta de que escuchar los intereses de los estudiantes, sus inquietudes, ayudan a mejorar y remodelar los proyectos de investigación con una mirada más fresca”, explica.
Ese diálogo entre teoría y experiencia cotidiana genera una sinergia donde los jóvenes aportan su visión como nativos digitales, mientras los profesores guían con metodología y experiencia.
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El resultado se traduce en artículos, capítulos de libros y participaciones en seminarios y congresos que fortalecen el currículum desde cuarto o quinto semestre de la carrera.
En tanto que para Nahayeli Gómez, doctora en Ciencias Humanas y profesora de la Universidad Panamericana, involucrar a universitarios en proyectos académicos no es solo una buena práctica: es una necesidad.
En su visión, la ciencia, la educación y la investigación “tienen que estar vivas”, y eso solo ocurre cuando nuevas generaciones se acercan, preguntan, prueban y se atreven a descubrir que también pueden investigar.
En ese proceso, muchas veces ocurre algo inesperado: “les prendemos la chispita”. Esa chispa es la que despierta curiosidad, disciplina y ganas de aprender más allá del aula.
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