No tener todo claro también es parte de crecer con responsabilidad
El no tenerlo todo claro no te debilita; te permite reflexionar y tomar tus siguientes decisiones con mayor responsabilidad
No tener todo claro también es parte de crecer con responsabilidad. Imagen: Unsplash
Joven universitario, se te ha dicho en múltiples ocasiones que este es el momento en que deberías tener todo claro: qué quieres hacer, en qué vas a trabajar y cómo te proyectas de aquí en adelante. ¿Te hace sentido? La incertidumbre, la duda y el cuestionamiento continuo son elementos intrínsecos de esta fase; en lugar de ser una debilidad, representan una oportunidad para crecer con responsabilidad social y
consciencia.
No estás solo en esta sensación. Según la American College Health Association (2023), más de la mitad de los alumnos universitarios experimentan algún tipo de ansiedad vinculada a su futuro en el ámbito académico y laboral. Estos datos no muestran una incapacidad, sino un ambiente que cada vez es más complejo, variable y exigente.

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El mundo en el que te estás integrando profesionalmente afronta desafíos significativos: crisis medioambiental, disparidad social, transformaciones rápidas de la tecnología y un mercado laboral muy competitivo. El World Economic Forum (2023) alerta que las capacidades más apreciadas en el futuro no solo serán técnicas, sino también humanas: conciencia social, trabajo en equipo, empatía y pensamiento crítico. Estas habilidades no se forjan a partir de una certeza absoluta, sino a partir de la capacidad de cuestionar, reflexionar y adaptarse.
Es fundamental, además, admitir que las generaciones más jóvenes tienen una concepción del éxito distinta de la que tenían las anteriores. Según el Global Millennial and Gen Z Survey de Deloitte (2023), más del 70% de los jóvenes se inclinan por laborar para organizaciones que estén en línea con principios medioambientales y sociales, aunque eso suponga dejar de lado mejores sueldos.
Esto confirma algo importante: aunque no todo esté definido, hay claridad en el tipo de huella que se quiere dejar. Se evidencia en la manera en que colaboras en equipo, en cómo te comunicas con quienes piensan de manera diferente a ti, participas en proyectos que afectan al medio ambiente o a la sociedad y ejerces liderazgo dentro y fuera del salón de clases. Edward Freeman, un pensador clave en temas de ética y responsabilidad en las organizaciones, lo explicó desde hace tiempo de manera muy clara: ninguna decisión es solo tuya. Todo lo que haces tiene efectos en otras personas, y ser consciente de eso es lo que marca la diferencia entre actuar en automático y hacerlo con responsabilidad.

Reconocer que no todo está resuelto te posibilita escuchar más, adquirir más conocimiento y tomar decisiones con mayor conciencia. No se trata de improvisar, sino de formar criterio, cultivar sensibilidad social y comprender que los caminos profesionales más relevantes con frecuencia no son lineales. Dudar no es paralizarse; significa reflexionar antes de seguir adelante.
Recuerda, la Universidad no es un sitio para llegar con todas las respuestas, sino para aprender a plantearse las preguntas que verdaderamente tienen importancia. En un mundo que evoluciona rápidamente y que requiere decisiones inmediatas, el hecho de atreverse a dudar, pensar y optar con consciencia es una acción responsable y madura. El no tenerlo todo claro no te debilita; te moldea para
que te conviertas en un profesional apto para escuchar, entender situaciones complejas y actuar de manera humanitaria.
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Lo que se puede asegurar en este punto es lo siguiente: el impacto que generes no estará determinado por tener trazado de manera perfecta el camino, sino por la claridad con la que decides recorrerlo, siempre pensando en los demás y en el mundo compartido.
"No tienes que ver toda la escalera, solo da el primer paso.” — Martin Luther King Jr.
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