Emprender con la intención de transformar
Emprender no es sólo crear empresas; es generar oportunidades, transformar realidades; en esencia, educar para impactar
Emprender con la intención de transformar. Imagen: Freepik
Hay historias que confirman que el emprendimiento no es solo una moda, sino una herramienta real de transformación social.
Una de ellas es la de Dr. Romesh Wadhwani, un empresario de origen indio que comenzó desde cero y que hoy, a sus 75 años, sigue impulsando proyectos con el mismo propósito que lo movió desde el inicio: generar empleo a través de la educación y el emprendimiento.
Con visión y disciplina ha logrado crear más de 40 empresas, además de 6 empresas unicornio, startups o compañías tecnológicas que han sido valuadas en miles de millones de dólares.
Lo más significativo no es la cifra, sino la decisión que tomó después: destinar el 80 por ciento de sus ganancias a una fundación enfocada en enseñar a emprender, a apoyar a las familias y a generar capacidades duraderas.

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Su visión es clara: inspirar a los jóvenes y a las empresas a crecer para generar más empleos de alto valor, y que no basta con crear soluciones comerciales, sino resolver problemas estructurales.
Por eso ha impulsado compañías de software y tecnología que buscan resolver problemas reales de forma accesible, así como programas que enseñan a conseguir un empleo digno o a crear uno propio.
Platiqué con Iliana Vega, quien trabaja como directora de programas de emprendimiento en México de la Wadhwani Fundation, y me explicó que esta Fundación opera en más de 20 países de América Latina, Asia, África y Europa, principalmente en economías emergentes.
Sus programas dirigidos a jóvenes, empresas, y personas, se enfocan en dos grandes ejes: habilidades empleabilidad. Ofrecen metodologías prácticas, acompañamiento, mentorías, incluso microcréditos todo con una premisa sencilla: aprender haciendo.
La fundación tiene tres pilares: resolver problemas reales con validación de mercado; ejecutar con métricas claras y disciplina; y pensar en impacto y escala, es decir, generar empleos sostenibles en el tiempo.
Uno de estos programas es precisamente aprender a emprender, es decir desarrollar capacidades para que las y los jóvenes se inspiren, pero también a que crezcan al igual que las empresas.
Ayudarles a convertirse en intraemprendedor, aquellos colaboradores que con el respaldo de su empresa innovan en su interior para desarrollar nuevos proyectos, procesos o productos. Es un emprendedor al interior de la organización, que no arriesga su dinero, pero es un creador de valor muy importante.
En la Universidad Insurgentes (UIN) tuvimos la oportunidad de trabajar durante un año con esta metodología. Participaron más de 400 estudiantes y desarrollaron 139 proyectos, muchos de ellos con impacto real.

De acuerdo con lo que nos platica Iliana, para los jóvenes la experiencia fue transformadora, pues fue algo más que un ejercicio académico, fue un cambio de mentalidad. Se enfrentaron a problemas reales con herramientas prácticas de mucho empoderamiento y aprendieron que la ejecución disciplinada es tan importante como la creatividad.
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Ahora les toca continuar con esos proyectos fuera de la institución.
En la UIN coincidimos completamente con los pilares de la Fundación Wadhwani. Estamos impulsando programas de emprendedores y tratando de transformar la educación para que sea de calidad y accesible. Para ello usamos la tecnología.
Y a propósito de ello, no me voy a cansar de decir que en tiempos donde se teme que la inteligencia artificial sustituya empleos, el mensaje debe ser distinto: la tecnología es una herramienta. Eleva el pensamiento creativo, mejora procesos, pero no reemplaza la capacidad humana de innovar. La clave está en usarla con propósito y pensamiento crítico.
Creemos que todas las personas tienen la capacidad de emprender. Lo que hace la diferencia es la decisión de enfocarse, perder el miedo al cambio y actuar con disciplina.
Emprender no es sólo crear empresas; es generar oportunidades, transformar realidades; en esencia, educar para impactar.
El mensaje es sencillo, pero poderoso: la educación debe traducirse en impacto. No basta con acumular teoría, hay que ejecutar; no basta con esperar el futuro, hay que construirlo.
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