Confiar en ti mismo
La universidad, aparte de formarte académicamente, también es un entorno donde fortaleces la confianza en lo que eres capaz de lograr
Confiar en ti mismo. Imagen: Freepik
¿Alguna vez en tu vida como estudiante universitario no has sentido que puedas lograr más, pero algo se interpone en tu camino? No te ha pasado esa incómoda incertidumbre que aparece, aunque te sientas bien, cumples con tus entregas o incluso que consigas buenas calificaciones: te has preguntado, ¿De verdad estoy preparado para esto? Sabes, no eres el único. Casi nadie te lo dice, pero es muy común.
De hecho, investigaciones recientes han demostrado que un gran número de alumnos universitarios con buen rendimiento se sienten inseguros con respecto a sus propias habilidades, fenómeno asociado al síndrome del impostor (Clance & Imes, 1978; Pákozdy et al., 2025; Menard et al., 2026). No es que no tengas la capacidad, sino que existe una desconexión entre lo que has logrado y cómo te ves a ti mismo. Como si sintieras que aún te falta algo, pero en realidad ya tienes más de lo que crees. (Bandura, 1997; Mohamed et al., 2026).
Cuando te encuentras con una oportunidad, decide probar, y a lo largo, te darás cuenta de algo muy importante: eras más competente de lo que pensabas. A veces lo que necesitabas era sólo un poco de ánimo. Y para eso está precisamente la universidad, para practicar, para equivocarte, para volver a intentarlo y para darte cuenta de que sí puedes hacerlo.

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A fin de cuentas, la universidad, aparte de formarte académicamente, también es un entorno donde fortaleces la confianza en lo que eres capaz de lograr. También, no hace falta que todo sea perfecto para que tenga sentido. Cada intento, cada pequeña victoria y cada entrega dan más de lo que te puedes imaginar. Y lo más importante: hablar de ello. Al compartirlo, comprendes que no eres el único. Recuerda, para avanzar no necesitas tenerlo todo solucionado, a veces simplemente hay que actuar, aunque haya incertidumbre. Pues la distinción no está en quien nunca titubea, sino en quien se atreve y descubre lo que puede hacer.
Con el tiempo, te darás cuenta de que muchas de esas dudas que hoy parecen grandes, en realidad eran parte del camino. No desaparecen de un día para otro, pero se transforman. Se convierten en experiencia, en criterio y, sobre todo, en seguridad construida poco a poco. Porque la confianza no aparece de repente, se forma con cada paso que decides dar.
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También entenderás que no necesitas compararte para validar tu proceso. Cada historia es distinta, cada ritmo es válido y cada avance cuenta. A veces el progreso no es visible para los demás, pero sí es significativo para quien lo vive. Y eso es suficiente para seguir adelante.
Al final, lo que realmente marca la diferencia no es saberlo todo ni tener certezas absolutas, sino atreverte a avanzar incluso cuando no tienes todas las respuestas. Porque en ese intento constante, en esas decisiones que tomas a pesar de la duda, es donde realmente descubres de lo que eres capaz.
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