Opinión

Antropoceno: ¿era geológica humana y fin de la naturaleza? (1/2)

En un pasado artículo (¿Cabe más gente en el planeta o ya se llenó?) sugerí que por largos períodos históricos hemos podido “engañar” un poco a la madre naturaleza, que siempre nos envía hambrunas, epidemias y guerras, para disuadirnos de nuestro empeño en seguir “humanizando” al planeta en lo que algunos han empezado a llamar antropoceno (antropos = hombre).

¿Y qué es el antropoceno? Una definición provisional -o definición de trabajo- podría ser la siguiente: la sustitución del mundo natural por un mundo creado por los seres humanos. Más específicamente, el uso de los sistemas creados por el ser humano para sustituir a los sistemas naturales. Lo anterior implica quizás la manipulación casi completa de la naturaleza por los seres humanos vía la tecnología y la cultura.

La ciencia, las religiones y la cultura en general más o menos coinciden en que el ser humano es parte de la naturaleza biológica y como tal, debe mantenerse en una relativa armonía con ésta. Para ser feliz, el ser humano intuye que debe tener un cierto control sobre la naturaleza, mantener a raya ciertas cosas como las enfermedades, las inclemencias del tiempo, etc, y no hacerlo de maneras tales que la naturaleza se vea destruida y el equilibrio con ella roto. Esa ha sido la intuición por mucho tiempo.

Con el advenimiento de un presunto «antropoceno», se alcanzaría un nuevo equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, un equilibrio nunca antes visto, inédito en la historia. Las funciones de la naturaleza serían vistas como algo muy importante y vital, pero al mismo tiempo como algo que puede ser sustituido, controlado -y ojo, comercializado– por técnicas, sistemas, productos y procesos humanos. Crear alimentos sintéticos, por ejemplo, manufacturar mascotas robot, o sustituir lo que antes hacían los seres humanos -o a los seres humanos mismos, por robots e inteligencia artificial, son el tipo de cosas de las que hablamos cuando hablamos de un antropoceno.

Las personas demasiado superficiales suelen ver todas estas cosas con un optimismo que sólo puede ser descrito como estúpido y barato: todos estos cambios son temas serios que van a la raíz del ser humano y su identidad y no deben ser vistos con frivolidad. No es un accidente que se hable, junto con el «antropoceno», de otras palabras de reciente creación como «posthumanismo»: el ser humano en toda su complejidad (cuerpo, mente, espíritu) transformado en algo que aún no podemos definir, por tecnologías de su propia creación, y cuya evolución sugiere su eventual autonomía del ser humano mismo.

No es un mal experimento mental por lo tanto, el empezar a imaginar algunos posibles «infiernos antropocénicos» de “primera generación”:

  • Primer infierno: infierno biotecnológico antibiótico, ecocida, fuera de control
  • Segundo infierno: infierno nanotecnológico, la alteración del mundo material a nivel molecular
  • Tercer infierno: Construccionismo social (seres humanos chatarra despojados de su identidad biológica y cultural)
  • Cuarto infierno: infierno tecnototalitario, (el fin de las libertades civiles y políticas)
  • Quinto infierno: infierno de espacios urbanos chatarra, (para seres carentes de atención, juicio, generosidad y buena fe)
  • Sexto infierno: infierno geoingenieril (en el que el clima planetario es trastocado, sacado de su complejo balance)
  • Séptimo infierno: infierno bélico antropocénico (con armas nucleares-biotecnológicas-nanotecnológicas)

Sucede que los seres humanos hemos alterado tanto el funcionamiento biótico y climático del planeta Tierra, y sucede también que hay ya tantos “primeros indicios de gestación” para cada uno de estos siete infiernos, que algunos científicos piensan que ya va siendo hora de declarar finalizado el holoceno (periodo actual tras la última glaciación) e inaugurar un nuevo intervalo geológico que han querido nombrar el antropoceno: la época geológica del ser humano.

Aunque la validez de «Antropoceno» como término científico sigue en disputa, su premisa subyacente, es decir, que los humanos se han convertido en una fuerza geológica, o más bien, la fuerza dominante que da forma al clima de la Tierra, ha encontrado tracción entre los académicos y el público (wikipedia)

 

(Fin de la parte 1, continúa la próxima semana)

andresbucio.com
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Comentarios
Andrés Bucio

Filósofo de la ciencia, la tecnología, la energía y la naturaleza. Dr. en Ciencias Ambientales (PhD, Economía ambiental y para la sostenibilidad) por la Universidad de East Anglia (UEA) Reino Unido.

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