Estudiar en Viena: universidades, historia y costos para mexicanos. Imagen: especial
En un descanso de escalera de la Universidad de Viena fue asesinado en 1936, Moritz Schlick. El lugar no tiene nada de solemne. Es un espacio universitario común: paredes claras, gente que sube y baja, una placa pequeña en el piso que muchos pisan sin darse cuenta. Ahí terminó la vida de uno de los principales representantes del Círculo de Viena, un grupo que cambió la manera de pensar la ciencia y la filosofía.
Ese descanso en la escalera dice algo sobre lo que significa estudiar en Viena. El pensamiento está incrustado en los edificios, a veces de manera incómoda. Para notarlo hay que detenerse, o simplemente tropezar con él. El estudio en Viena está en las universidades, pero también en los palacios, cafés , y música clásica que ofrece la ciudad.
La Universidad de Viena, fundada en 1365, carga con una historia intelectual que a menudo se presenta como una línea recta. En realidad fue más desordenada. Aquí se formuló el positivismo lógico y también aquí se lo discutió hasta agotarlo. Karl Popper dio clases allí, también Freud y por supuesto también Schlick. Schrödinger pensó algunos de los problemas centrales de la física cuántica entre estos muros. La casa que Wittgenstein diseñó queda a media hora caminando.
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Todo eso convive sin formar un relato cerrado.
La Universidad Técnica de Viena ocupa otro lugar en la ciudad. Es una institución clave para la ingeniería, la arquitectura y las ciencias aplicadas, aunque pasa desapercibida para muchos visitantes. No tiene una presencia monumental ni busca representar una tradición gloriosa. Funciona.
Forma ingenieros y urbanistas que trabajan con la ciudad tal como es: su transporte, su vivienda, su infraestructura cotidiana.
La Universidad de Música y Artes Escénicas mantiene una relación directa con la vida cultural vienesa. Sus estudiantes y profesores participan en conciertos, ensayos y producciones que se mezclan con la vida diaria. La música circula, se practica, a veces se oye desde una ventana abierta.
Para un estudiante mexicano, llegar a Viena implica aprender a moverse entre sistemas distintos. El idioma, la burocracia, los ritmos de estudio no siempre coinciden con lo esperado. Hay desorientación, trámites lentos, clases que no se parecen a la idea previa de “universidad europea”.
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Con el tiempo aparece otra cosa: la sensación de estudiar en un lugar donde el pasado sigue interfiriendo como algo que todavía no termina de acomodarse.
Autor: Juan Pablo Aguilar
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