Cómo es estudiar en la ENCRyM, la escuela que salva libros, murales y más. Foto: Especial
¿Te imaginas una carrera en donde trabajas directamente con piezas arqueológicas, obras de arte, libros y otros objetos que cuentan la historia de México?
Eso es lo que propone la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), una de las joyas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la primera en todo el mundo en ofrecer la licenciatura en Restauración.
Fundada en 1967, la ENCRyM tiene una misión muy clara: formar restauradores profesionales con criterios teóricos y éticos.
“Antes la restauración era más un oficio, pero a partir de que se fundó se busca profesionalizar la formación del restaurador y reconocer la disciplina como una profesión que tiene una metodología de trabajo”, explica Fanny Unikel, profesora y coordinadora de la licenciatura.
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Esta carrera dura cinco años y es fascinante, porque en ella los estudiantes no aprenden con réplicas, trabajan con patrimonio real, lo que implica una enorme responsabilidad y también un aprendizaje profundo.
“Aquí tienes que meter las manos, tienes que restaurar, tienes que sentir el objeto”, subraya Unikel. De hecho, alrededor de 20 horas a la semana se dedican al trabajo en talleres especializados.
El plan de estudios combina ciencias naturales, historia del arte, metodología de la investigación, tecnología y materias prácticas. Cada semestre, los alumnos se concentran en un tipo de material u objeto y aprenden incluso a reproducirlo, como ocurre con la cerámica.
A esto se suman prácticas de campo en museos, archivos y zonas arqueológicas, dentro y fuera de Ciudad de México. “Eso ocurre por lo menos tres veces al año. Tienen que salir a trabajar fuera de la escuela”, indica.
Unikel explica que la ENCRyM admite solo 28 estudiantes al año. El ingreso no depende de un examen tradicional de conocimientos, sino de pruebas de habilidades manuales, motricidad y capacidad de análisis.
Más que saber pintar o dibujar muy bien, buscan jóvenes pacientes, observadores, curiosos y creativos, porque según dice la coordinadora: “El restaurador es como un detective”. Además de tener interés por la ciencia, la cultura y el arte.
Y aunque es una escuela pequeña, además de la licenciatura ofrece cuatro posgrados y diversos cursos y diplomados.
Lo que hace la ENCRyM es una labor muy importante, advierte Unikel, porque sin restauradores bien formados y sin compromiso social el patrimonio puede perderse fácilmente por intervenciones inadecuadas, como ocurrió con la pintura mural Ecce Homo de Borja, que se hizo mundialmente famosa en 2012 por un fallido intento de restauración. ¿Lo recuerdas, no?
“Hay mucha gente que confunde restauración con remozamientos y con mucha facilidad puede borrar y transformar un objeto y echarlo a perder por completo”, expresa Unikel, quien es maestra en Historia del Arte y restauradora perito del INAH.
Una de las primeras cosas que se aprende en esta carrera es que no es lo mismo reparar que restaurar.
La restauración moderna nació tras una tragedia: la inundación de Florencia, Italia, en 1966, cuando miles de libros quedaron dañados, explica Martha Romero, profesora de la ENCRyM e investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM.
A partir de ahí surgió una nueva ética profesional: “La restauración tiene como objetivo conservar, no solo que el libro siga funcionando. Para intervenir un objeto necesitas conocer su historia, su materialidad y sus procesos. Eso va mucho más allá de saber encuadernar”, explica Romero.
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Además, la restauración no admite prisas. Hay procesos que requieren tiempo, observación y respeto por el objeto, dice Romero. Intervenir una obra no es “arreglarla”, es comprenderla: su deterioro, sus materiales y su contexto.
En tiempos de pantallas, la ENCRyM defiende algo poderoso: la materialidad también cuenta historias, señala Romero. Y de eso sabe mucho porque es doctora en Arqueología del libro e historia de la encuadernación por la University of the Arts London, en Inglaterra.
“Hay información que solo se puede encontrar en la materialidad del libro”, dice la doctora. “Por el papel, la encuadernación, los materiales, podemos saber quién lo usó, cuánto costaba, qué lugar tenía en la sociedad”.
“La restauración da muchísima satisfacción”, afirma Romero, “no solamente porque conservamos la cultura del país, también porque nos lleva a conocer objetos increíbles y culturas distintas. Y no siempre es el pasado el que restauramos, también el presente, porque ayudamos a la gente a que conserve su memoria”.
Así que si alguna vez te has preguntado quién cuida la memoria del mundo, la respuesta podría estar más cerca de lo que crees. Tal vez, incluso, en tus propias manos si te animas a estudiar Restauración.
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