Marcha feminista. Foto: especial
La violencia de género sigue siendo una de las problemáticas más persistentes en el país. Tan solo en 2024, los delitos de este tipo aumentaron un 272% en comparación con 2015, señala información de la Red Nacional de Refugios. Ante este panorama, el IPN desarrolló un modelo matemático para analizar el fenómeno y proponer rutas de intervención.
El proyecto surgió en la Escuela Superior de Física y Matemáticas (ESFM), y fue liderado por la académica Laura Rocío González Ramírez en conjunto con las estudiantes Helena Torres Ángeles, Sofía Guerrero Ruano y Marisol García Hernández, quienes desarrollaron la investigación “Modelado matemático simplificado de la violencia familiar de género en México”.
El modelo del IPN funciona como una especie de simulador. Las investigadoras tomaron datos de salud pública sobre personas que fueron atendidas por violencia familiar y dividieron a la población en tres grupos: quienes podrían ser víctimas, quienes podrían ser agresores y quienes ya han vivido violencia.
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Luego, crearon una serie de fórmulas para representar cómo se mueven las personas de un grupo a otro con el tiempo. Por ejemplo, si alguien sufre violencia, puede pasar del grupo de “no violentados” al de “víctimas”.
De igual manera, se incluyeron condiciones para que una persona agresora pueda dejar de serlo, o que una víctima reciba apoyo. Esto les permitió simular distintos escenarios, como qué pasaría si existieran más programas de rehabilitación o si aumentara la atención médica.
Uno de los hallazgos fue que, por cada hombre que sufre violencia familiar, hay más de 10 mujeres en la misma situación, así como que las estrategias más efectivas no se centran solo en apoyar a las víctimas, sino también en intervenir con quienes ejercen violencia.
A partir de los resultados, el modelo sugiere que reducir la violencia de género requiere acciones en dos frentes: atención integral a las víctimas y procesos de rehabilitación para los agresores. De esta manera, se podrían cambiar las dinámicas que perpetúan el ciclo de violencia.
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Además, el reporte muestra cómo las matemáticas pueden ser útiles para enfrentar problemáticas sociales. Al usar datos y simular escenarios, es posible proponer rutas de acción más informadas para que las políticas públicas tengan un mayor impacto.
Desde el IPN, las investigadoras buscan que este modelo sirva como punto de partida para nuevos hallazgos y estrategias de prevención. Puedes leer el informe completo en la revista “Frontiers”, disponible en este enlace.
Autora: Alondra Bravo
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