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Doctor Reggaetón: el perreo también se investiga

No ocurrió en un cubículo, ni en un congreso académico, ni en un salón de clases de la universidad. El clic fue en un antro, en una pista de baile, mientras se movía al ritmo de una canción que, sin saberlo todavía, era reggaetón.

“Me gustó demasiado. Yo no sabía qué me había pasado con esa canción. Ahí entendí que el reggaetón no era lo que yo pensaba que era. Me di cuenta de que era algo diferente, disfrutable, y no algo tan asqueroso, censurable y barriobajero”, recuerda.

Ese instante marcó el inicio de una de las trayectorias académicas más singulares del país. Hoy, a sus 46 años, el doctor Marco Antonio Chávez Aguayo, profesor e investigador del Centro Universitario de Guadalajara y nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores, es conocido dentro y fuera del aula como el Doctor Reggaetón: el académico que se atrevió a estudiar, defender y problematizar el
género musical escuchado por millones de jóvenes en el mundo.

El origen del “Doctor Reggaetón”

El apodo nació en un congreso académico, como una broma entre colegas: “Suenas como el predicador del reggaetón. Eres el Doctor Reggaetón”. Y se quedó. Así está en sus redes sociales (@doctorreggaeton). Se volvió un personaje que le ha permitido acercar la academia a la calle.

“Para muchas personas es validante escuchar que la música que les gusta también puede ser objeto de estudio serio”, explica.

Bailar, escuchar e investigar: el camino del Doctor Reggaetón. Imagen: Freepik

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Del prejuicio al método

Antes de convertirse en un asunto de investigación, el reggaetón fue para él un prejuicio, como para muchos. Pero el contacto directo con el género cambió la narrativa. Y después vino la observación: grafitis en Guadalajara, su ciudad, quedecían ‘el rock está muerto gracias a tu asqueroso reggaetón’, notas periodísticas que aseguraban que “te vuelve tonto” o “te mata neuronas” e iniciativas de ley que
buscaban prohibirlo.

Ahí se dio cuenta de que algo estaba pasando. Que el reggaetón no solo era música, sino un campo de batalla cultural.

“Es exactamente lo mismo que ha pasado con el rock, el twist, el chachachá y el vals”, expresa. Porque lo nuevo siempre incomoda. “El vals, que para nosotros es lo más ñoño del mundo, fue el reggaetón de
entonces, porque significa tocarse y dar vueltas como loco, por eso antes en muchos lugares estaba prohibido y estaba mal visto. Y hablar de reggaetón hoy día es hablar de este mismo prejuicio”.

Lo que más le inquietó fue que muchas de esas críticas se sostenían en fake news replicadas por medios de comunicación de todo el mundo. Como psicólogo y exbecario del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Guadalajara, sabía que no había evidencia científica sólida detrás de esos titulares alarmistas. Eso lo regresó al método. Lo hizo volver a lo básico: investigar antes de opinar.

“En ese momento me volví muy incisivo. Sacaba el tema del reggaetón en todas partes a propósito. En cualquier contexto, solo para ver qué sucedía, qué caras hacían mis colegas. No sé cómo no me quemaron en la hoguera”, expresa.

Cuando empezó a hablar de reggaetón en seminarios, coloquios y talleres, la reacción era casi siempre la misma: incomodidad, burla y rechazo frontal. “En la academia eran así de: ‘a mí me parece basura y yo no voy a moverme de ahí’”, señala.

Para él, eso era especialmente contradictorio. “Somos académicos. Nosotros tenemos que cuestionar las cosas”, insiste. Pero el reggaetón, más que cualquier otro tema que hubiera tocado antes, sacó a flote un límite incómodo: incluso quienes se dedican a estudiar la cultura también cargan prejuicios que no siempre están dispuestos a revisar.

¿Por qué incomoda tanto?

Para el Doctor Reggaetón, la molestia no es solo musical: es simbólica. El reggaetón representa una inversión del mapa cultural. “Hasta hace unos años las tendencias musicales se marcaban en Estados Unidos o Europa. Pero hoy lo que está generando tendencia ya es latino”, dice.

Y de esto se ha dado cuenta, porque también se ha encargado de documentar en qué países se hace reggaetón: “Hay reggaetón británico, japonés, francés, coreano, australiano, finlandés, ruso… lo he visto en todos lados. Es la dominancia latinoamericana”.

No se trata solo de sonidos, sino de identidad. De quién marca la agenda cultural. “Esto no solo es una tendencia. Es un cambio de paradigma”, explica.

Bailar, escuchar e investigar: el camino del Doctor Reggaetón. Imagen: Freepik

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Incluso, hay una escena que resume su punto muy bien: el día que perreó en el Vaticano. Estaba en Roma cuando se enteró de que habría un concierto gratuito organizado por la Santa Sede. En el cartel aparecía Karol G: “¿Cómo? ¡Karol G en un concierto organizado por el Vaticano!”, exclama. Fue. Bailó. Y lo vivió como una postal del cambio cultural que tanto estudia.

Cuando el aula también perrea

En el salón de clases, la reacción es otra historia. “A los alumnos les encanta”, dice con una sonrisa. “Conectan de inmediato. Se sienten validados”. Y no solo eso: se involucran. Investigan, reflexionan y analizan las letras. Cuenta que estudian cómo ha cambiado la narrativa de las mujeres dentro del reggaetón.

“Las mujeres están transformando el discurso. Hablan de empoderamiento, de poner límites, de decidir sobre su sexualidad. Hay un cambio en el protagonismo de las mujeres”, expresa.

¿Le gusta el reggaetón?

No lo oculta: sí. Y mucho. “No lo juzgo moralmente. Yo lo veo como la música del siglo XXI”, afirma. “Estoy seguro de que si Mozart estuviera vivo, estaría alucinando con el reggaetón, porque a Mozart le encantaba experimentar con sonidos, con cosas diferentes”.

Cuando se le pide que mencione artistas que le gustan, sonríe incómodo. “Esa pregunta está muy fea, es casi como elegir a tu hijo favorito”, bromea. Pero cede: Rosalía, J Balvin, Residente, Daddy Yankee… y Bad Bunny, por supuesto.

¿Y ahora qué sigue?

Chávez Aguayo no piensa detenerse. Comparte que ha creado una red con investigadores de otros países para colaborar e investigar juntos: “Algo así como el Instituto del Reggaetón”, ríe.

Además de seguir investigando y creando en otra de sus grandes pasiones: la ópera. “Mi próximo proyecto es producir una ópera”. Porque para él, la cultura no se divide en alta y baja: se vive, se investiga y se transforma

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Israel Rivera

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